Mi madre

y a veces, te encontrarás en el espejo y apesardel mechón erisadoves a esa mujer que fue tu madre atrapada en el espejo-Andi Nachón - Ella cumple hoy 84 años y todavía se levanta cada mañana para atender su almacén. El almacén que ella creó y lleva su nombre: Almacén Aida. Ella tiene un negocio …

Eso que talla

Claudia ( autora invitada) Hoy se asomó la tristeza. Converso con mi ser superior y le pido por mi corazón, para que no repita los dolores que ya sintió. Discutir me hace sentir desperdiciada y eso me recuerda que me prometí no traicionarme nunca más. Ignoro y evito conversaciones que debo tener como adulta. Mi …

I am a … holic

A.B  (autora invitada) Hay temas que son difíciles para mí, tanto para escribirlos como para hablarlos.  Algunos por falta de conocimiento, de aceptación, por vergüenza, o por todas las anteriores.  Las adicciones ERAN uno de esos temas.  Evadir era más fácil que afrontar y aceptar.  Pero aquello que no se sana de raíz, tiende a …

Capadocia: El Viaje Mineral

Cuando llegamos a Göreme mi corazón paro un instante, y como si quisiera volver a nacer, tome una gran bocanada de aire para reconocer que ese lugar era real.  No podía creer lo que veían mis ojos: era el tiempo congelado en la caverna, la cueva, la piedra, las entrañas de la caverna prehistórica donde la humanidad fue parida.  ¡La perfección mineral! ¡La arquitectura de Dios!

De la inmanencia a la transcendencia ( en clave astrológica)

La pulsión creativa habita en todos, así como habita el yo y su función distintiva, esa que nos hace ser comunes y únicos a la vez. La inmanencia como estado latente del yo, nos invita a soñar, a querer crear. Este estado latente lo podemos percibir en su máxima expresión  en esa “pausa abierta” o ese “respiro calmo” donde no somos habitados por complejos internos o por mandatos exteriores. La inmanencia como milagro es la puerta hacia el potencial propio, es la luz de deseos y anhelos que nos habitan sin más.

Para una nueva ética del viaje: parte I

Una nueva ética del viaje podría iniciar planteándose como un acuerdo con nosotros mismos frente a un planeta en franca necesidad de atención y consideración; un acuerdo de moderación, de expansión controlada o de expansión cercana o local. Esta sofisticada inmersión en el entorno viaje debería usar más la conciencia que el impulso, más la prudencia que el valor conquistador, una ética biodegradable donde no dejemos al marcharnos un desastre de dolor, basura, uso, abuso, de las estructuras frágiles del mundo y la naturaleza.