Por: Maria preciado
«El Rosario es la oración que acompaña siempre mi vida; también es la oración de los sencillos y de los santos… es la oración de mi corazón».
Papa Francisco
Yo pensaba que era lo mismo que «El Rosario», pero no lo es. La camándula se refiere al objeto que se usa para rezar el Santo Rosario. Está conformada por una serie de cuentas o bolitas unidas por un hilo o cadena, la sarta está unida por sus dos extremos a un crucifijo o una cruz. Algunas contienen medallas que unen sus extremos un poco más arriba de ese crucifijo o cruz. El Rosario completo conmemora veinte misterios divididos en cuatro días: los dolorosos, gozosos, gloriosos y luminosos. Cada uno se llama: una parte del Rosario o «rosario» y cada día se rezan cinco misterios correspondientes a ese mismo día.
El proceso de la llegada y quedada definitiva de la camándula en mi vida, se resume en algunos apartes no casuales que me marcaron significativamente. Nací en un matrimonio bendecido por la Iglesia Católica, fui bautizada el 27 de abril, dos días después de mi nacimiento. Hice ya la primera comunión y la confirmación, y si todo sigue como hasta ahora, me voy a casar el 13 de enero del año entrante.
Cuando tenía unos doce años mi madre nos enseñó a mi hermana y a mí a rezar el Rosario y lo oramos las tres todas las noches durante el tiempo en que duró el apagón: la famosa llamada «hora Gaviria». Luego dejamos ese hermoso hábito, pero confieso que en esa época para mí era algo aburrido, sin sentido, lo hacía más por obligación que con el corazón y con fe.
El tiempo pasó y no volví a tocar una camándula en unos muy buenos años, hasta que mi madre empeoró de la enfermedad que había sufrido desde antes de casarse, le había empezado cuando era novia de mi papá, yo me ví en la necesidad de buscar los asuntos espirituales de antaño, y fue así como empecé nuevamente a rezar el Rosario en una capilla que había cerca de la casa paterna donde vivía en ese entonces: una capilla muy especial donde la Virgen María hablaba a través de una vidente a la cuál se le había aparecido por primera vez cuando tenía unos 15 años. Haberla escuchado hablar de esa manera tan humilde y amorosa me enamoró, y poco a poco fue entrando a mi corazón. Fue Ella a través del rezo del Rosario, la que me sostuvo en esos momentos difíciles de mi existencia hasta cuando mi madre falleció. Posteriormente, me siguió acompañando y me ayudó en el proceso de duelo por la pérdida vivida. Mi madre biológica y yo éramos muy unidas, pero en respuesta afirmativa a una petición hecha de parte mía, la Virgencita se convirtió en mi nueva madre querida, y fue llenando ese vacío que quedó por su partida.
Como el hijo pródigo que se fue de casa, no volví a rezar el Rosario y traté de seguir una vida normal concentrándome en las cosas de esta tierra. Humildemente ahora que los años han pasado considero que el ser humano debe tratar de tener un equilibrio en todas sus áreas, eso incluye también la espiritual, que en mi caso, es de lejos, la más importante.
Hubo una etapa nómada de mi vida de unos tres años en donde andaba de aquí para allá, sin lugar fijo donde vivir; pero en mis recuerdos más profundos tengo la imagen de una bella noche sentada en el malecón de Bastidas, mirando hacia la bahía, con una camándula café en mis manos, rezando el Rosario. Santa Marta es una ciudad muy querida por mí, donde pasé algunos de los mejores meses de mi vida; allí conocí a mi futuro esposo en una puesta de sol, nos comprometimos ahí mismo años después en un atardecer similar, en donde el sol se iba adentrando lentamente en el mar y el cielo comenzaba a tener tonalidades de naranja mezclado con el color azul y blanco que lo caracterizaba. Lugar en el cual yo viviría, pero no creo sola, de pronto con él unidos, ya como esposos.
La camándula y yo hemos sido compañeras inseparables por unos diez años, ha sido testiga silenciosa de mis andanzas, experiencias, sueños y esperanzas. De mis alegrías, pero también de mis lágrimas, mi soledad, y mi consuelo en la fe. Los buenos y malos momentos vividos de estos años los hemos pasado juntas, como una sola unión inquebrantable. La he gastado, le hecho daño y la he perdido más de una vez, pero en cada una de esas veces he vuelto a conseguir otra versión de ella. La he tenido de color café, blanco, transparente y en todas ellas ha pasado suavemente por el desliz de mis dedos con una hermosa oración que hace honor a su belleza. Hay una en particular para rezar el Rosario Misionero en octubre que es el mes de las misiones y del Rosario; se caracteriza por ser de diferentes y alegres colores: la decena blanca se reza por la vieja Europa, la amarilla por Asia, la verde es por África, la roja por América y la azul es por el continente de Oceanía. Allí se pide por las intenciones y necesidades de todo el mundo, pensando sobre todo en la evangelización y presencia cristiana de cada continente.
Ya para finalizar me quiero dirigir a ti personalmente mi querida amiga: me has activado, de pronto sin querer, algunos recuerdos alegres y otros dolorosos que he tratado de plasmar en este escrito sin pretensión alguna. Me pregunto: ¿Cómo vivir sin ti ahora? Ya no podría. Más bien, te invito a que sigamos juntas el resto de vida que El Creador me permita, me sigas ayudando a crecer en mi camino de fe, y que un día cuando me estén despidiendo en mi última morada, alguien en mis manos frías te coloque, como me hubiera gustado haberlo hecho con mi madre que también te amaba, y así como ella contigo, nos vayamos juntas a la tumba gélida, oscura y eterna.

«El Rosario es una oración que rememora vida, muerte y resurrección de Jesús y la asunción y coronación de la Virgen María».
