Por: Margarita Leal ( autora invitada)
Esta es la historia de Jazmín. Ella perdió a su padre siendo una niña y a causa del dolor que le producía hablar de la situación; prefería decir que nunca lo había conocido. Ahora, tiene 24 años y estando en una reunión de amigos en la finca de su mejor amiga y por un juego de botella; tuvo que hablarlo, pues alguien del grupo le pidió que contara lo incontable.
Jazmín empezó diciendo que esa noche a la hora de la cena su padre había estado muy callado. Aunque las hermanas de Jazmín lo habían molestado con la autorización de un permiso que querían para salir ese sábado a una fiesta de quince de una compañera; él simplemente les dijo: – “No” sin explicaciones ni argumentos. Ellas muy disgustadas se levantaron de la mesa y no quisieron terminar de cenar. Él solo se tomó el rostro con las dos manos. Le hizo a Jazmín un gesto de poca importancia ante la rabieta de sus hijas. Se levantó de la mesa, la abrazó y le dijo: – No prestes atención. Mañana se les pasará.
A su esposa le pareció raro. Pues, conociendo como conocía a Samuel, no era hombre de irse a la cama sin hablar los desacuerdos que tenía con sus dos hijas mayores. Siempre antes de dormir pasaba por la habitación a despedirse; pero esta vez, solo abrió la puerta y desde allí les deseó las buenas noches. Al llegar a su habitación, le recomendó a su esposa no cambiar la decisión que había tomado de negarles el permiso; ya que le parecía que la fiesta no se iba a llevar a cabo en un lugar adecuado para que estuvieran los jóvenes.
Al otro día, era sábado. Samuel no trabaja sino hasta el mediodía. Varios meses atrás había ingresado a una empresa que sería la encargada de construir un puente en su pueblo para hacer una vía intermunicipal y era el encargado de manipular un martillo para romper o hacer huecos en las rocas, para luego instalar dentro, un poco de dinamita y así facilitar el traslado del material o la abertura del camino. Ese sábado, el padre de Jazmín las había levantado muy temprano, antes de que pasara el transporte que los recogía para llevarlos hasta el lugar de la construcción. Las sentó, a cada una les dio un beso y les dijo cuánto amaba a su familia. Además, les dio una noticia que su madre aun no les anunciaba y era que tendrían un nuevo miembro en la familia. Que, en la tarde, después del trabajo hablarían un poco más del asunto. Pero, que las necesitaba muy atentas a todo lo que la madre les dijera y ser responsables, como siempre con ella. Muy asombradas por lo que habían escuchado, Luisa y Valentina se lanzaron a abrazarlo y le dieron un beso para desearle un buen día de trabajo. Jazmín un poco celosa por la noticia, y sin entender mucho. También le dio su beso de despedida. Samuel estaba muy contento con la noticia. Junto con su esposa siempre habían hablado de intentarlo nuevamente porque querían un varoncito en la familia.
Así fue transcurriendo el sábado y Jazmín no había querido prestarle atención al sueño que había tenido la noche anterior. No era un sueño muy hermoso; tampoco sabía que significaban aquellas imágenes, ni quería contarlo porque creía que de pronto opacaría la noticia que su padre les había dado en la mañana.
Cuando iban a hacer las doce, Sofia la madre de estas tres niñas, recibió una llamada. Era de la empresa donde trabajaba Samuel. El supervisor de la obra le anunciaba que su esposo había sido víctima en un accidente ocurrido en la construcción y que había sido trasladado al hospital de la cabecera municipal. Ella muy entorpecida por la noticia, empezó a llorar y a gritar. Las niñas salieron a buscarla, pero ya unos amigos sabían lo ocurrido y llegaron prontamente a su auxilio. Todo cambió de repente, decía Jazmín. Lo que creíamos que iba a hacer un nuevo comienzo con el anuncio del bebé, solo había sido como una despedida.
A partir de ese sábado; ninguno volvió a hacer igual. Su padre había sufrido fuertes heridas y traumas que no le permitieron volver a casa. Ni siquiera ellas, pudieron verlo por última vez. Solo Jazmín, guardaba un recuerdo bonito, pero a la vez triste de su padre. El sueño del que no quiso hablar, fue la despedida. Pues, ese viernes en la noche cuando jazmín puso su cabeza en la almohada, sintió como su padre sin ingresar a la habitación le dio un beso en la frente y le dijo cuánto la amaba, se acostó por un rato junto a ella como cuando era aun más pequeña y no la chiquilla de diez años. En su sueño, su padre se veía radiante. La llevaba de la mano por un hermoso campo verde y lleno de flores de colores. Una luz muy encendida mostraba su cuerpo. Corrieron y llegaron a un pequeño arroyo. Allí, Samuel se lavó las manos y le mojó la cara a Jazmín. Poco le habló porque con el lugar y la sonrisa de su padre, Jazmín se sentía protegida y feliz.
De un momento a otro, Samuel le señaló a Jazmín un lugar a donde él iría, pero solo. Ella tendría que volver. No entendía la razón. Sentía miedo de preguntar. Entonces, no pudo hacer más nada que recibir ese abrazo fuerte de su padre. Aquel abrazo que nunca más volvería a recibir, pero tampoco olvidar. Por eso, ese secreto era lo incontable. No podía revelar a su madre o hermanas que solo ella había tenido el privilegio de recibir ese último abrazo. Su hermanito nació y efectivamente fue un varoncito; al que sin pensarlo lo llamaron Samuel.
Los amigos de Jazmín nunca imaginaron que ese fuese el secreto de su tímida amiga. Todos querían escuchar una historia de amor frustrado. Algo así, como un amor platónico. Sin embargo, corrieron a abrazarla y a limpiar junto con ella las lágrimas que habían dejado salir a medida que contaba la gran despedida.
Una hoja, un lápiz y un café considero tener algún día como mi mejor compañía. Ojalá fuese pronto; sin embargo, cada día postergo cada momento de inspiración que llega a mi mente sobre tú realidad o por qué no decir, la mía.
PD. Estos escritos son una muestra de ejercicios realizados en el taller de escritura: narrativas autorreflexivas una apuesta por lo cotidiano. sept—Oct 2023. Educación Continua. Pontificia Universidad Javeriana.
