Estoy perdida. ¿Eso tiene arreglo?
– No. Sí. Ya se arreglará.
– ¿De veras? Fíjate en ti.
– Gracias. Cuánto más sabes quién eres y lo que quieres, menos te afectan las cosas.
Lost in translation-Sofia Coppola
Por allá en los dos miles los cine clubs de Bogotá todavía eran un bello resquicio bohemio: canelazo, libro y tertulia; estaban regados por la ciudad, en las casa viejas de la candelaria, el león Tolstoy, cine club el muro, el ciclo de cine del mambo, el cine club del museo nacional, y por supuesto, la cinemateca de la calle 24; y tantos otros, que hasta yo misma intenté hacer un cine club en mi casa.
Yo abría encantada esa puerta de directores, Kieslowsk, Fellini, Stone, Kurosawa, Herzog, mi amado win wenders, … y tantos otros! el cine arte de escenarios lentos e historias profundas y significativas. Los sábados eran umbrales al mundo de las imágenes, la espera de la película era una antesala de reconocimiento, éramos los mismos viendo las mismas películas, fascinados por el deseo de sorprendernos y proyectarnos en aquellos relatos vivos, donde aprendíamos a vivir desde ideales y valores diferentes a nuestro mundo cotidiano.
Siempre he creído que tengo un problema con el mundo de las imágenes: les creo mucho, les pido una fidelidad más allá de lo necesario. Por esto, me confunden y me fascinan, pero también me hacen daño, y quedo días enteros pensando en ellas. He añorado vivir dentro de una película, cuando la vida se torna lenta y lejana de vitalidad.
Luego, como profesora universitaria hice mía la clase libre de cine casi por tres años, organicé eventos para hablar de cine, también alcancé a visitar la nueva cinemateca antes que llegara la debacle.
Y llegó la pandemia, los duelos, el cambio, y por supuesto, Netflix y HBO se volvieron mi cine en casa: comodidad, sofá, hacer breaks y besito en el intermedio. Algo se había perdido perdiendo la intimidad de las salas oscuras.
Han pasado cuatro años y he decidido volver! Y las salas de cine de ahora, son un escenario más higiénico, me afilio a la matiné de los centros comerciales a los que llego caminando desde mi casa. Y desde donde escribo esta entrada mientras espero mi película.
P.D past lives de Celine Song. Una película para volver a creer en los amores dulces e imposibles . En la confirmación del destino y en la capacidad para crearlo. Las vidas pasadas están en esta y se están cruzando continuamente entre los umbrales del tiempo.
