Por: Lida Milena Guanumen Pacheco
Viajar ha sido un desafío y en la mayoría de las veces lo he hecho sola, al comienzo solo quería llenar el pasaporte de sellos y acumular el reto de tener más países visitados, pero, poco a poco, fui asumiéndolos como parte de mi vida y una oportunidad de interacción con nuevas culturas, acumular experiencias e incluso llegar a ese viaje interior de conexión con lo más profundo de mi ser, ya que estar sola en un lugar que está lejos de tus comodidades representa un reto en el proceso de conocernos.
Al comienzo la idea de viajar sola me daba mucho miedo y me generaba ansiedad; sin embargo, en la medida que lo iba haciendo, llegar a diferentes aeropuertos fue más tranquilo, no digo que la ansiedad haya desaparecido del todo, porque pisar nuevos aeropuertos siempre generará incertidumbre. Cada viaje, representa una época de mi vida y marca un hito en ella, no llevo la cuenta exacta de cuantos viajes he realizado, ni cuantos países conozco, pero, quiero mencionar solo algunos que me han generado algún impacto, ya sea por marcadas anécdotas o porque me han tocado fibras que desconocía:
Recuerdo que mi primer viaje fuera del país, lo hice cuando tenía 27 años, no tenía ninguna pretensión, solo quería salir, ver otros lugares, conocer y de alguna manera escapar; en mi mente estaba que me acercaba a los 30 años, y para ese momento, estaba en esa crisis, en la que sientes que algo falta en tu vida, mis relaciones de pareja no funcionaban o tal vez no existían, pensaba que estaba muy sola y decidí emprender este viaje. Entonces me fuí a Argentina y a Chile, acababa de terminar un trabajo que fue muy intenso y tenía ahorros para hacerlo, sentía que necesitaba un “break” de la vida laboral. El viaje tendría que ser de estilo “mochilero” porque los ahorros no daban para más, diseñe la ruta, pensando en un mes de viaje.
El internet en esa época no ofrecía las herramientas de viaje que conocemos hoy, en esa ocasión fue necesario recurrir a la “lonely planet” que era una guía física de viajes e igual hablar con amigos o familiares que previamente habían viajado a estos lugares, para que me recomendaran hostales y lugares que visitar.
Mi plan era llegar a Buenos Aires y a Santiago de Chile, y desde estas ciudades diseñar la ruta, me embarqué en esta locura, porque era la primera vez que salía del país, y además lo hacía sola; estaban todas las incertidumbres y los miedos, pero tenía la decisión de afrontar los desafíos. Llegué al Ezeiza, el aeropuerto Argentino, donde obtuve un mapa de la ciudad en la oficina de turismo y pedí indicaciones para tomar el transporte público hasta el hostal en el centro, cerca de la Casa Rosada. Antes, se necesitaba un mapa para ubicar lugares y establecer una ruta. Hoy, con internet y Google Maps, llegar a cualquier sitio es mucho más sencillo, basta con tener un celular y una conexión a internet.

Viajar al estilo “mochilero” es todo un desafío, tienes que tener la mente abierta y estar dispuesta a compartir incluso la habitación, los hostales ofrecen habitaciones compartidas, que pueden ser mixtas o de solo mujeres, en donde los baños son también de uso general, si quieres cocinar o preparar tus comidas, también lo puedes hacer, hay una cocina que todos comparten y en la nevera solo tienes que poner todo etiquetado, no siempre todo suele estar impecable, te encuentras cosas que no son tan agradables, pero en general, es una buena forma de conocer.
En estos lugares, la hora del desayuno y de la cena, es un momento importante para intercambiar experiencias y encontrar información sobre nuevos lugares que visitar, te encuentras personas que están en tu mismo plan, así fue que conocí a mis primeros compañeros de viaje, una pareja de chilenos, que me invitaron a recorrer la ciudad con ellos, ahora no recuerdo muy bien sus nombres, nos mantuvimos en contacto después del viaje, incluso me encontré con ellos en Chile, pero sus recuerdos se me han perdido con el tiempo.
En la noche, cuando llegábamos de los recorridos, nos reuníamos los viajeros en una sala en la que buscábamos compañía, para compartir experiencias de cada de día de viaje, igual nuestras rutas se modificaban con lo que nos contaban en cada conversación, así fue como decidí viajar al sur de Argentina, me fui para San Carlos de Bariloche, obviamente por tierra, porque el presupuesto estaba muy ajustado.
En el bus conocí a un arquitecto, con el que conversé todo el viaje, como yo estudié ingeniera civil y acababa de terminar un par de proyectos, teníamos mucho temas en común, pero lo que más llamo mi atención fue la historia que me contó sobre el “corralito”, una crisis económica que se dio en Argentina a finales de 2001, en donde no se podía sacar el dinero de los bancos, ya que este había perdido su valor por una serie de medidas económicas que tomó el gobierno que no fueron nada acertadas, esa crisis llevó a muchas familias a perder casi todo. En general la gente venía con una tristeza y un sentido de desesperanza muy fuerte, creo que este fue el principio de la situación que hoy vive este país.
También hablamos de música, de Seru Giran, Suis Generis, Charly García, Luis Alberto Espineta, Fito Páez y en fin muchos más de estos artistas, ya que siempre me ha gustado el rock argentino, y que en ese momento los escuchaba en formato MP3 o MP4.
En San Carlos, en el hostal conocí mi segundo grupo de compañeros de viaje, un grupo de 4 chicas y un chico con los que recorrí esa región, que valga decir es muy inda, llena de lagos y paisajes maravillosos, allí pase una semana, recuerdo que en esa época éramos pocos los colombianos que viajábamos a este país y mi impresión fue muy bonita, ya que encontré mucha empatía y cariño de las personas que conocí, incluso era divertido ver cómo se sorprendían de las palabras que usábamos, decir por ejemplo computadora o usar tantos diminutivos, para ellos resultaba agradable o de alguna forma “raro”, eran otros tiempos, ahora, no es tan favorable el trato hacia los colombianos.
Ya luego decidí irme hacia Chile, unos viajeros del hostal me contaron que venían de Puerto Mont y la ruta que habían tomado, así que emprendí el viaje, llegue al puerto y lo recorrí desde temprano, pero decidí no quedarme, lo encontré muy frio y la gente poco empática, entonces, camine todo el día y decidí comprar el tiquete del bus hacia Santiago para viajar toda la noche, allí me quedaría en casa de unos amigos de mi hermana, así que mejor llegar en la mañana.
El viaje fue largo, unas doce horas, no recuerdo cuantos kilómetros, pero se me hizo un trayecto eterno, recuerdo que en el bus, daban algo para cenar y que al auxiliar del servicio no le entendía nada de lo que hablaba, y que siempre le pedía que me repitiera lo que me decía, hasta que al final este señor muy desesperado, me preguntó si yo hablaba Español, fue muy divertido, porque para mis adentros dije, yo sí, tal vez usted no.
Ya en casa de los amigos, una pareja de esposos que mi hermana conoció hacia un par de años y que me ofrecieron amablemente hospedarme en su casa; el viaje se tornaba diferente, si bien había mucho más calor de hogar, también estaba sujeta a sus recomendaciones y a sus tiempos, de alguna manera un poco más limitado, sin embargo, fue muy bonito compartir la cultura con quienes viven allí, porque sufren la ciudad en el día a día, a pesar que Claudia trabajaba en una multinacional como jefe de recursos humanos y que tenían en términos generales un buen nivel de vida, fueron siempre muy objetivos.
Las experiencias que tenemos los turistas en cada lugar que recorremos obedece a una visión reducida sólo se limita a lo que vemos y sentimos en cortos espacios de tiempo, pero siento que conocer la ciudad con los ojos de un ciudadano, me dio otro panorama, por ejemplo, me contaron sus experiencia familiares en torno a la dictadura, me contaron que la ciudad estaba cambiando, y que venía creciendo una nueva generación sin este fantasma, que por eso también venían en aumento los restaurantes, sitios de reunión y los lugares nocturnos.
También me preguntaban de mis impresiones sobre la manera que hablaban los chilenos, porque no hay olvidar que tienen la fama de tener el peor Español que se hable en sur américa, yo les respondía que era un poco enredado y que se usaban muchas palabras locales que no entendía, sin embargo ellos, de manera directa me dijeron: “es que hablamos muy mal”, en general en Latinoamérica se incluyen muchas palabras locales o modismos en las conversaciones, sin embargo, creo que en chile, se suma a la velocidad en que se habla, lo que en algunas zonas lo hace difícil de entender, sobre todo cuando somos turistas y recorremos las ciudades, el lenguaje de calle se amplifica. Recuerdo palabras que para ese momento me resultaban muy divertidas como: “Pololo”, que significa novio; “pega” es igual a trabajo, ”al tiro”, que es ir rápido; “cachai” que es como estar de acuerdo. Al final cuando viajamos a un país hispanoparlante, siempre vamos a encontrar esta diversidad en el lenguaje.
Finalice mi viaje, nuevamente en Buenos Aires, tomé un bus desde Santiago que me llevo por el paso de los Andes, lo hice de día y fue un acierto, toda vez que el paisaje, a pesar de las curvas de la vía, nos ofrecía unas vistas excepcionales, incluyendo la cúpula de la Aconcagua. Tomé el avión de regreso a Colombia con una maleta llena de intenciones de seguir viajando cada año y así fue, este convirtió en el primero de muchos lugares que he venido visitando cada vez que tengo vacaciones.
Para mi fortuna y por esas cosas de la vida, trabajé en una compañía en donde viajaba por Latinoamérica y Centroamérica, cuando empecé este trabajo, pensaba que sería la oportunidad de conocer más lugares, sin embargo, realizar viajes por temas laborales es muy diferente, allí, a pesar que te hospedas en buenos hoteles y disfrutas del confort que estos te ofrecen, tienes que planear los viajes de manera que puedas quedarte un fin de semana, para que puedas conocer algo de las ciudades que visitas, el plan se convierte en conocer restaurantes en los espacios de almuerzo y cena con los compañeros de trabajo, es interesante porque por la interacción que tienes con la gente de cada oficina que visitas, pero, al final es trabajo, no turismo.
TURQUIA

Ahora, me gustaría hablar del viaje a Turquía y lo mencionó porque cuando lo hice, justo salía de una “tusa” como decimos en Colombia a una ruptura de pareja, terminaba una relación de más de nueve años y estaba muy afectada, solo quería huir, recuerdo que busque viajar a países que no pidieran visa, toda vez que esos trámites me parecen engorrosos y para esta época, internet ofrecía muchas herramientas para viajeros, en principio me dedique a consultar páginas que hablaran de experiencias de mujeres viajando solas en Turquía, porque me entraban los miedos al pensar que este fuera un país musulmán.
Revisé la información que encontré en los sitios web y encontré que era muy frecuente mujeres viajando solas por este país que valga decir, es de los musulmanes más moderados, igual recuerdo que conversé con una amiga de mi hermana, de origen Turco, ella trabajaba en la embajada en Colombia y me sugirió un par de lugares y algunas precauciones a tener, pero, igual me ratificó que viajar allí era muy seguro, incluso me comentó que mi apariencia era un poco Turca y que en ese sentido, no tendría problemas.
El viaje a Estambul fue pesado, tenía unas escalas muy largas y tarde unas 15 horas en llegar; estando allí, todo me pareció muy complicado, aparentemente, todo el mundo hablaba turco y no aparecía el transporte que me recogería al hotel, que estaba ubicado en el centro, los turistas solemos escoger estas ubicaciones, porque los sitios históricos están cerca, pero en ese momento, todo estaba en obras y era un caos, incluso tuve que caminar unas cuantas cuadras para llegar al hotel.
Mis planes eran, estar en Estambul una semana y luego viajar a la región de Capadocia, recuerdo, que, a pesar del cansancio, me duché y salí a pasear un poco, en el camino como esas cosas inesperadas, encontré un grupo de chicos colombianos que llevaban un par de días en la ciudad, venían de Rusia, me dieron una serie de “tips” y los acompañé a la Mezquita azul, en donde estaba prevista una charla sobre la cultura musulmana.
Duré una semana conociendo todos los lugares históricos y emblemáticos que esta maravillosa ciudad te ofrece, algo que me impactó mucho, fue la cantidad de gatos que deambulan sin dueño por toda la ciudad, es común que la gente les ponga comida y agua en las calles y ellos se pasean con toda la tranquilidad y confianza, como que ellos te dan la bienvenida y son tus anfitriones.
Fueron muchas las experiencias y personas que conocí en esta ciudad, recuerdo a un compañero de visitas, un ingeniero civil canadiense que me habló del canal que fue construido bajo el mar del Bósforo y que para mí representaba algo excepcional por mi profesión, en general la gente y vendedores de los sitios turísticos, siempre fueron amables y receptivos con los turistas, a pesar que por la época estábamos en el Ramadán, que es la celebración religiosa de los musulmanes y la gente suele ser más cauta en estas épocas.
Una anécdota que recuerdo mucho del viaje, fue un chico que empezó a intentar hablarme y digo intentó porque no hablaba inglés, tampoco español y por supuesto yo nada de Turco, en ese momento yo estaba en la parte Asiática de Estambul , intentando tomar el metro a mi hotel, este chico se sentó a mi lado y seguía con su “rara” conversación que era difícil poder entender, me baje y él se bajó conmigo, como pudo me indicó que quería invitarme un helado, a estas alturas estaba con mi señal de alerta puesta, porque lo sentía demasiado insistente, así que cuando llegamos a la heladería y él estaba pidiendo el helado, yo ya estaba muy asustada, así que salí corriendo lo más rápido que pude y varias cuadras adelante volví a ver y el chico estaba con sus dos helados.
Turquía ofrece lugares muy lindos que visitar, estuve en Capadocia, en donde hice el recorrido de esta zona en Globo, es una experiencia única, tienes que empezar a las 4 am y lo recorres a lo largo de una hora, viendo el amanecer, lo único malo eran los turistas asiáticos, que de forma “maleducada” se te atravesaban con sus super cámaras y no te dejaban ver. Los lugares que visite me parecieron míticos, las ruinas de Troya, que te evocan los relatos de la Ilíada, Esmirna y Éfeso, otros lugares emblemáticos y finalmente no puedo dejar de nombrar a Pamukale que es atractivo por unas “lagunas” conformadas por piedra caliza, que al verla en conjunto parece una cascada, lugar imperdible y que según me enteré hay solo dos formaciones similares, esta y la otra en Oaxaca, México, se llama Hierve el Agua, la cual por fortuna también la conocí.
Muchas son las experiencias que acumulas al viajar y siento que hacerlo sola mucho más, porque es enfrentarte a tus miedos, a tus inseguridades y asumir el reto de durar varios días sin conversar con alguien conocido, es encontrar amigos temporales en donde compartes vivencias del día a día, incluso algunos a los que les cuentas cosas que después te cuestionas, intercambias correos o teléfonos que seguro no vas a volver a ver, solo por el agrado de saber que conociste y compartiste con esa persona, en fin viajar es y será de las mejores experiencia de mi vida, espero poder seguir escribiendo y recordando todos los viajes que he acumulado a la fecha.
PD. Estos escritos son una muestra de ejercicios realizados en el taller de escritura: narrativas autorreflexivas para acompañar la vida. Marzo-Abril 2025. Educación Continua. Pontificia Universidad Javeriana.
