Un día te levantas y nace la posibilidad de mirarte, reconocerte, dolerte, regodearse en el sueño traicionado: ¿quién soy?, al parecer no fueron suficientes los sueños, al parecer los ideales se fueron convirtiendo en pólvora difusa e irreal. Entonces, ¿quién soy?, ¿este manojo de huellas difusas, este vertedero de miedos, está inefable sensación de escrituras fracasadas?
