Me hundo y me descubro agazapada: una crisis en cuarenta cuarentenas

Un día te levantas y nace la posibilidad de mirarte, reconocerte, dolerte, regodearse en el sueño traicionado: ¿quién soy?, al parecer no fueron suficientes los sueños, al parecer los ideales se fueron convirtiendo en pólvora difusa e irreal. Entonces, ¿quién soy?, ¿este manojo de huellas difusas, este vertedero de miedos, está inefable sensación de escrituras fracasadas?

Si bastara con respirar, la razón sería un accesorio, una conciencia sin sentido, innecesaria. El yo expandido y seguro de los primeros pasos es tomado por asalto, se percibe informe, etéreo, sin peso, desea liberarse de esa verdad mediocre que sea contado; complejos y fantasmas asechan su existencia, su intención de reestructuración y vuelta al espacio de los otros saludables.  Este yo en crisis rinde culto a la transición del túnel, de la cueva, vierte todo de autocompasión y deseo de volver a nacer a una adolescencia limpia, ojalá con la conciencia yoica actual, talvez ahí sería posible algo, el uso de un don, una asertiva decisión vocacional, un rumbo adecuado. Pero lo imposible se torna otra fantasía más, otro placebo prejuiciado.

Entonces, en medio de esa atmósfera atenta y obsesiva, se va abriendo el riesgo, el lugar libre de los torturados o condenados, los huérfanos de la trampa ya no rinden culto a nadie, se lanzan al ataque en medio de las horas desesperadas, dan pasos de ahogados rescatando viejos valores, juegan con los recuerdos inconscientes, sueñan con ser otros mientras son más ellos mismos. Puede pasar que nos sorprendamos creando en medio de la más cruel visión de nosotros mismos. Puede pasar que llegue el gozo de nuevo al descubrir atajos minúsculos, pueden pasar muchas cosas, si nos atrevemos a desafiar aquella imagen consolidada que tenemos de nosotros mismos, pelear con ella y obligarla a traicionarnos. Talvez ahí… pueda el yo respirar de nuevo y nuevas máscaras atentas llegan a vivir con nosotros, nuevas formas de la dicha.

Y va llegando una especie de “ tierra” al mirar entre reflejos la puerta de un nuevo septenio astrológico. Al parecer cada crisis es una nueva dimensión para integrar: siempre de naturaleza intuitiva y racional, fui dejando rezagada la función sensitiva; esta crisis fue el balance con la tierra saturnina y la posibilidad de empezar a construir y edificar ideas, de aceptar quedarme, de permanecer en mis deseos y sueños más genuinos.

Me hundo y me descubro agazapada.

P. D. Esta transición astrológica colectiva evidencia con precisión la transformación necesaria y liberadora que ocurre entre los 39  y los 42 años. A través de los siguientes aspectos en tránsitos: El viaje psíquico por Plutón ( Plutón cuadratura Plutón), enfrentar el espejo de los miedos inconscientes. La confrontación crítica con Neptuno ( Neptuno cuadratura Neptuno), enfrentar el espejo de las ilusiones. El  encuentro afortunado con Urano (Urano oposición Urano), el llamado a ser y enfrentar la propia singularidad y la verdad de ser uno mismo sin miedo, sin ilusiones engañosas, sino apostando a la realidad material desde la fuente misma de la creatividad.

Esta entrada dedicada a todas las personas que estén atravesando estos años transformadores.

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