-Parte 2- Apuntes no incluidos en el libro: Vicios en el espejo o una cosmética transcendental
Siempre me agradó la idea de enseñar español a extranjeros y ese era uno de los objetivos laborales que quería realizar en Austria. Las amistades cosechadas en el gueto latino empezaron a dar sus frutos. Una amiga colombiana que conocí durante un diplomado que realicé en el instituto cervantes de Viena, me recomendó para dictar clases de español en un instituto de lenguas austriaco.
Recuerdo que iba camino a la “supuesta” entrevista de trabajo, en mi “supuesto” alemán, hacía un día caluroso de septiembre y el tren le quedaba pequeño a mi pánico de no saber que hacer o que decir en una lengua que no conocía sino en la torpeza del principiante. Había preparado unas frases de emergencia que finalmente fueron las que me salvaron del desastre del rechazo. El director del instituto, un austriaco rojizo y bonachón, a quien seguramente aún conociendo el alemán no hubiera entendido por su dialecto rancio de provincia, se convenció de mi determinación y de mis frases mal pronunciadas y accedió a dejarme el curso de principiantes que empezaría en dos semanas.
No me imaginé volver a enseñar tan rápido, pero al parecer el azar y el deseo se juntaron a mi favor. Luego del idioma creo que lo que mejor conecta con la cultura de un país es el trabajo. La docencia para mí es un espacio poderoso, asidero de fuerza y nutrición. Empezar a enseñar en un país extranjero era una gran oportunidad, pero al mismo tiempo se me mostraba aterrador. Miles de preguntas surgían para desestabilizar mi emoción: ¿Sería aceptada con mi poco o mínimo dominio del idioma alemán? ¿Podría animar a mis alumnos austriacos en el aprendizaje de la lengua de Cervantes?
Para llegar a dictar mis clases me tocaba viajar en el tren regional entre 30 y 45 Minutos, ya que mis cursos eran en dos pueblos cercanos a Viena. Este recorrido lo hacía dos veces por semana. Cómo era mediados de septiembre aún el clima era agradable y desde el tren podía apreciar los atardeceres luminosos del campo austriaco. En el camino atravesábamos pequeños pueblitos, con sus casas de campo, rodeadas de cultivos perfectamente organizados y listos para ser cosechados. Ser campesino en Austria no es cosa que lamentar como en Colombia, sino un buen plan de vida que el gobierno austriaco ampara con mucho esmero.

Pasaron los meses, mis nuevos alumnos me recibieron con afecto y respeto. Las clases se tornaron muy divertidas gracias a las “actividades lúdicas” de aprendizaje que me inventaba para desarrollar los distintos temas, asunto que nunca se me hubiera ocurrido hacer en mis clases de universidad, pero que bajo este contexto resultaban necesarias. Y en eso sí que era una inexperta total. Pero enseñar para mí siempre será un deleite, una risa, un espacio para olvidarme.
Heimat ist Heimat o patria es patria
En alemán existe una palabra con una sonoridad muy especial para referirse a la patria: Heimat. De igual manera que la palabra patria en español, este concepto del todo subjetivo y maleable, puede hacer referencia a una multiplicidad de sentimientos y expresiones humanas. La patria puede ser experimentada en amor a un trabajo o en el pecho cálido del amado, incluso con un instante de reconciliación con el entorno cercano; infinitas cosas que llamen al reposo, a la familiaridad amable y locuaz, pueden ser experimentadas como Heimat.
Una mañana lluviosa de primavera, ya mi segunda primavera en Viena, tuve una breve conversación con una conocida austriaca, ella se empeñaba en preguntarme cuando tiempo me quedaría y si pensaba volver a vivir en Colombia. De inmediato yo salté como una liebre feliz a decirle que, por supuesto, pensaba volver a Colombia y que mi estancia en Viena sólo sería por “algunos años” si todo salía como lo esperaba. Ella reafirmando mi respuesta me dijo: Heimat ist Heimat. Quede tan fascinada por esta expresión, pues se me mostró como una revelación instantánea, cómo si por fin, pudiera comprender una frase en alemán en toda su fuerza significativa. Creo que el idioma se me abría por primera vez hacia una dimensión más profunda.
El camino hacia el conocimiento de una cultura, de un país, de una lengua, es necesariamente largo y lleno de aristas. Es un viaje de encuentro hacia un mundo otro, que requiere una disposición (no fácil de hallar) de espíritu y de animo. No creo que todos lo logren, algunos emigran por culpa de un amor o en búsqueda de un sueño de prosperidad, sin embargo, con el tiempo también eso puede derrumbarse. Es aquí cuando la palabra Heimat necesariamente aparece, como esa sombra necesaria que nos acompaña y que anhelamos experimentar; de alguno modo, esa experiencia de confortabilidad puede ser determinante para impulsar ese encuentro con el próximo, prójimo, cultura, lengua, país.
