Los colores de la amistad

Por: Cecilia Cifuentes Jiménez

Claudia es una joven arquitecta de voz suave y dulce, alta, alegre, conversadora, elegante, trabajadora incansable, vive en Bogotá, Colombia; le encanta salir de viaje especialmente para explorar y admirar construcciones y diseños de las grandes ciudades.

Desde niña tiene sueños que percibe como reales, al despertar es usual que los recuerde.  Le inquieta mucho el significado de cada sueño y la relación directa con su vida.

Hace días sueña con un gran arco iris que al caer sobre las montañas refleja la cara de algunas personas bordeadas cada una de un color distinto y brillante, a veces le hablan, otros ríen, lloran o gritan; no los comprende. Cuando despierta, repasa la escala de colores iluminando cada persona y los gestos, cree que el color representa una emoción o valor personal. Compara a sus amigos con aquellos rostros y no encuentra coincidencia alguna.  Se pregunta: ¿Cuál será el color de la amistad, la tranquilidad, la lealtad, el de la pasión, el positivismo, la seriedad?  Se obsesiona con el sueño, se viste metafóricamente cada día con los colores de ese arco iris esperando una señal.

Llega a su vida la oportunidad de liderar y desarrollar un gran proyecto arquitectónico, es una valiosa oportunidad que no quiere desperdiciar. Como apoyo convoca a un grupo de amigos y le recomiendan vincular a un abogado y un estudiante de ingeniería industrial.

El abogado es Arturo, un hombre maduro, inteligente, con vasta experiencia y excelente sentido del humor.  El estudiante es Daniel, practicante de ingeniería industrial, muy intelectual, casi autista (según él), un poco parco y escueto al principio, pero muy versado en temas de arte, literatura, historia, filosofía, en fin, a veces, cuando ya tenía confianza debían interrumpirlo para no distraer al equipo con sus disertaciones.

Comienzan a desarrollar el proyecto con mucho ímpetu, en jornadas extenuantes. Ella muy cercana con sus amigos y algo distante con los nuevos integrantes del grupo, Arturo y Daniel, apenas comparte lo necesario con ellos hasta que un día Arturo hace unos comentarios chistosos y burlescos sobre algunos errores de Daniel, lo cual genera que todo el equipo muera de risa, el ambiente se revienta de carcajadas y es en ese momento que Claudia logra distinguir dos colores de su arco iris en ellos ¡¡¡Los reconoce de su sueño!!! Arturo es el amarillo y Daniel el azul. Está sorprendida, sin palabras, muy emocionada, con muchas inquietudes, piensa por qué ellos, que significan o representan en su vida, qué simboliza cada color.

A partir de ese momento, ella se enfoca en conocerlos, compartir cada momento posible al punto que se forma un ambiente de camaradería en medio del arduo trabajo. Se forman lazos de amistad muy fuertes al punto de compartir asuntos personales e íntimos.

El proyecto sufre algunos reveces que generan en ella mucho estrés y ansiedad, los amigos lo abandonan, no les representa la ganancia estimada; Arturo y Daniel prefieren correr el riesgo y permanecen firmes. Una tarde, Claudia sentada en su oficina, tirada en el sillón, con lágrimas en sus ojos, rendida y desesperada ante tantas dificultades y consecuencias desastrosas, los ve entrar, la rodean y alientan a seguir.  Le dicen que los tres unidos pueden lograrlo.  Ella se incorpora, seca sus lágrimas, ve que la tarde está cayendo y entran los últimos rayos de sol por la ventana que iluminan los rostros de ellos. Y es en ese momento cuando define el significado de los colores en ellos. Arturo, el amarillo que le transmite sentimientos de gran amistad y positivismo y Daniel, el azul, para ella estabilidad, tranquilidad y sobre todo una gran paz.  En ese momento comprende que se ha revelado el significado de su sueño y se siente agradecida con ellos.  Estas personas desconocidas hasta hace poco tiempo son hora su apoyo incondicional y misterioso. Les agradece de corazón y guarda silencio de la visión y emociones que ellos le representan.

Empieza a soñar que camina por un sendero rodeado de abismos profundos, apenas iluminado por la luna llena, acompañada de su hermano menor un adolescente de quince, años, y de pronto ambos caen al vacío tomados de la mano, al comienzo con miedo y finalmente, con mucho sosiego volando en esa oscuridad. Asocia el sueño con las dificultades del proyecto, no obstante, pregunta a su madre por su hermano y todo está bien, el joven está en el colegio y practicando sus deportes favoritos.  No comparte su sueño.

Un día llega al trabajo muy ansiosa y preocupada, este sueño no la abandona, está distraída preocupada y ausente.  Daniel y Arturo le expresan su preocupación y disposición a escucharla.  No sabe si contarles este sueño, pero recuerda los colores y emociones que vio en ellos y se siente con la confianza para hacerlo. Cada uno le expresa su sentir.  Para Arturo son señales de futuros sucesos, menciona el sueño bíblico de José, en el que se le apareció un ángel anunciando que su mujer María llevaba en su vientre al hijo de Dios.  Daniel, dice que son solo sueños, pero que su madre cree en ellos como una premonición.   

Salen esa tarde de la oficina directo al bar de la esquina, quieren alegrar un poco a Claudia. Allí hay un agradable ambiente nocturno, música al gusto del cliente.  Gerardo, el dueño es un hombre de voz grave, ojos negros y barba prominente, exmilitar.  Atiende muy bien a su clientela, hasta confidente puede ser.  Juegan billar, rana y a los dardos.  Ella ligeramente les comenta que las personas reflejan un color para ella y ellos aprovechan el comentario para hacer bromas; observan a los clientes que se acercan a la barra y entre risas van diciendo, este es rojo, este púrpura y este otro ¡rosadito pálido!

A punto de terminar el proyecto, muere el hermano menor de Claudia en un accidente automovilístico. Es un hecho lamentable para la familia. Daniel y Arturo saben lo que significa para ella este acontecimiento, recuerdan el sueño.  Ella en las exequias los abraza y les dice en voz baja: “esto es lo que significaba mi sueño”.

Entregan el trabajo y los amigos se separan.  Para Claudia es un golpe muy duro porque con ellos ha podido expresar sus emociones y hablar abiertamente de sus sueños. La vida continúa. Daniel se gradúa y viaja a España para adelantar su especialización. Arturo se posesiona en un cargo público de mucha relevancia nacional.

Claudia rememora con frecuencia los sentimientos de amistad, apoyo, alegría y diversión con Arturo y las buenas conversaciones con Daniel, pero es muy complicado reunirse con ellos.  Apenas si se saludan en fechas importantes.

Al finalizar el año, Claudia es invitada especial en un Foro en Madrid, y parte con el objetivo de visitar algunas ciudades importantes de Portugal, Francia, Italia y Alemania.  Pasará el año nuevo en Madrid con algunos colegas.

Llega el 31 de diciembre, son las 5 de la tarde, está sola en el apartamento alquilado y ubicado por la Gran Vía de Madrid, hace frío, prende la chimenea, toma una copa de vino y va alistando el atuendo para la noche. Algunos rastros de nieve reposan en su ventana, mira las luces navideñas, parejas abrazadas y escucha el barullo de grupos de amigos que seguramente comparten sus historias y anécdotas.  Recuerda a sus amigos, hace un año que no sabe de ellos, piensa qué estarán haciendo, como serán sus vidas. Envía un saludo a cada uno por WhatsApp.  Sorpresivamente, Daniel responde con una llamada, está en la ciudad culminando sus estudios. Claudia no lo recordaba, decide invitarlo a compartir la velada con sus colegas. Arturo no responde. 

A la velada llega Daniel, se ve diferente, maduro, más jovial de lo que solía ser a primera vista.  Se abrazan y sienten que vibra mucha energía a su alrededor.  Comparten esa noche con mucha alegría recordando los viejos tiempos.  Al día siguiente, se encuentran en un bar a tomar una copa de vino para despedirse, él regresa a Colombia en ocho días y ella continuará su viaje.

Brindan por el nuevo año, se desean lo mejor y expresan palabras de optimismo, esperanza y admiración.  Recuerdan la chispa de Arturo, ojalá muy pronto puedan contactarlo.  Salen a caminar por la vía amplia, muy concurrida de vehículos y personas, se siente el frío helado en sus caras, llegan al parque El Retiro, se proponen ver el atardecer sentados en una banca justo al frente del lago.  Una pareja se interpone ante la vista esperada, se miran sorprendidos y deciden gritarle a la pareja para que se hagan al lado y la sorpresa es mayúscula cuando descubren que es Arturo y su pareja.

Se miran, no pueden hablar, se funden en un abrazo infinito con lágrimas y risas. Ella no sale de su asombro y les dice: ¡Cómo es posible que nos encontremos a miles de kilómetros de casa! Nada tiene sentido ¡es una hermosa casualidad!, pero ella evoca el sueño de la noche anterior, los tres reunidos frente a un lago inmenso, muy gris para su gusto, protegido con patos blancos, cafés y negros, árboles deshojados, y de fondo un hermoso atardecer.

Photo by Anthony ud83dudcf7ud83dudcf9ud83dude42 on Pexels.com

Soy una persona con gran imaginación y sentido del humor, valoro mucho la amistad y la gratitud. Abogada. En este momento incursionando en el arte de la escritura narrativa, creativa y autorreflexiva, con el propósito de crear y contar historias de vida cotidiana o imaginaria.

PD. Estos escritos son una muestra de ejercicios realizados en el taller de escritura: narrativas autorreflexivas una apuesta por lo cotidiano.  Sep—Oct 2023. Educación Continua. Pontificia Universidad Javeriana. 

Una respuesta a «»

  1. Hermosa forma de reflexionar sobre la amistad: Identificar los sueños con los colores de los entornos y tambien de las personas. Las alegrias, las tristezas, los presagios, la vida misma. Felicidades querida Cecy!!

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