Mis socios alados

Por: Oswaldo Prieto

Todas las mañanas, en mi normal caminata por el conjunto residencial donde vivo en Bogotá, he encontrado un par de “socios alados”. Cada colibrí “socio” está siempre en su propio árbol distantes uno del otro. Desde que me voy acercando, escucho sus cantos hermosos y fáciles de distinguir.

Entonces, aminoro mi paso ágil hasta parar frente al árbol donde cada “socio alado” se instala y, por pocos segundos, admiro en su belleza, y su increíble capacidad para el canto fuerte y sonoro, sobre todo, viniendo de una criatura tan pequeña y estilizada.

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Desde el primer encuentro fortuito establecí una relación con mis “socios” porque los incluí en mi alabanza y admiración al Dios que nos creó, y a toda la naturaleza que puedo admirar a mi alrededor.

Sigo mi caminar a paso rápido y quince minutos después, en otro árbol, hago el mismo ritual con mi segundo “socio” colibrí.

A veces, aunque los escucho, no los puedo ver, por lo denso del follaje de los árboles; cuando esto pasa, les pido que se dejen ver y ¡oh…sorpresa! Con frecuencia vuelan unos pocos segundos, los suficientes para que los pueda ver, y de inmediato, regresan a su altar de canto y belleza.

PD. Estos escritos son una muestra de ejercicios realizados en el taller de escritura: narrativas autorreflexivas para acompañar la vida.  Club Xabier. Julio-Octubre 2023. Educación Continua. Pontificia Universidad Javeriana. 

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