Es por eso, que con cierto sentimiento de urgencia, busco la naturaleza, el sujeto, las palabras del otro relato, la historia no contada, la historia de la vida.
Ursula Le Guin – la teoría de la bolsa de ficción
Las palabras por decir, la escritura por hacerse en nosotros, la voz que anida en la psique; están ahí, para crear relatos que sostengan y den existencia a nuestra vida; por eso, decirnos relatos es apelar a las fuentes primarias de toda vida: la consciencia de ser un yo, y la consciencia de ser un yo que se relata.
Ese yo, heroico y común, que somos, se aferra sin descanso a sus poderes, a sus verdades, a sus discursos largamente celebrados. Pero siempre llega el momento, de hacer un reconocimiento distinto, de abrirle la brecha al suceso, de notar sus seguridades, y agrietar sus certezas; será entonces, una oportunidad única, para permitirle a ese yo, ser pregunta, herida, voz que interpreta, un relato que se cuenta nuevamente: más consciente, más integro, más abierto.
Relatos, entre la indagación y el descubrimiento

Una imagen nueva, como una historia nueva; la literatura es millones de imágenes juntas reproduciéndose infinitamente. Siempre hay un relato paralelo, ocurriendo en nuestra psique que urge ser escuchado. Siempre estuvieron juntas la verdad literaria y la verdad psicológica; ambas devinieron textos y relatos, incluso los nunca dichos o pronunciados que siguen existiendo y esperando ser reconocidos.
Primero llega la pregunta, la mayéutica donde todo nace, El tratado del alma, la indagación introspectiva donde se inicia la historia de psicología; pues todo comenzó como indagación, como pregunta que se lanza y se adhiere, una pregunta que abre universos y que construye nuevos interrogantes y que nunca cesa de hacerse en nosotros. Luego, se asoma el relato, y contar historias es el principio de la literatura.
La diferencia se gesta, en la necesidad humana de las historias, en su importancia de adaptación y desarrollo en los ciclos de la historia cultural; para luego, siglos más tarde, convertirse en la voz original del autor, en la escritura única y potente del genio creativo; y luego atraer para si, la posibilidad de relatos contados en la intimidad de una dupla: el método de comunicación terapéutica, el relato detrás del síntoma: la historia no dicha. Y el método se queda, se hace cierto y se va acentuando como una tecnología disponible para ser usada: la escucha, el relato, y de nuevo, la pregunta
Indagarnos o volver sobre nosotros mismos, no debe ser un relato complaciente, ni animoso; pues no podemos evitar el gesto doloroso de hallarnos. Existe entonces cómo dice Ursula L, una historia del cuchillo, de la lanza, la historia del heroísmo complaciente.
El desafío, es quizá, atreverse a contar ese otro relato, dejar afuera las historias del ánimus engreído y autosuficiente. Y abrirse para hallar las grietas, las historias que cuenten y se lleven en las bolsas, aquellas que hablan del ánima abierta, que nos inviten a contemplar las dudas, a existir en el devaneo creativo, que nos permitan habitar la pregunta, y atrevernos a ser “ vasija” que contiene, que nace y se llena desde el vacío.
P.D. Esta es la primera entrada de la nueva sección del blog reflexiones naÏf, llamada «metáforas del diván». Espero poder estar actualizandola cada dos meses, y me gustaría mucho contar con sus comentarios y retroalimentaciones.
