El viaje mayor

Por: Lina Arboleda

Hay que liberar el propio ser,

Encontrar sus verdaderas dimensiones,

No permitir obstáculos”.

Virginia Woolf

Siempre he pensado que el viaje más importante que realizamos los seres vivos es el viaje de la vida.

El viaje de mi vida comienza en la mañana de un viernes de noviembre de 1955. Época en donde la ciencia y la tecnología eran bastante precarias y empezando ese viaje me toco librar mi primera batalla; nací prematura con un pronóstico bastante difícil y como ya lo dije las incubadoras no estaban del todo inventadas.  Pero bueno ahí comienzan mi rebeldía, empuje e irreverencia, creo que en mi inconsciente tenía la fortaleza para luchar y salir adelante.

De mis primeros años lo que recuerdo y me contaban fueron hermosos, me movía entre la casa de mis papas y la de mi tía abuela y su hija quienes materialmente me adoptaron. Esto significa que vivía en dos mundos que me mostraron las diferentes aristas que puede tener la vida. Ese viaje de la infancia fue maravilloso pues fueron tantos mundos por los que transite al lado de estas personas. Con mis tías me movía en un mundo de adultos y en casa tenía que compartir con siete hermanos, esto hacia una balanza complicada pero retadora.

Al continuar este viaje he querido ser ese ser irreverente, que puede romper todas las fórmulas sociales. No tener que llevar mi vida dentro de una cuadricula social sino al contrario romper todas las fórmulas convencionales. El reto era para mi apasionante pues lograba ser diferente y única.  La vida me ha llevado a buscar ser atrevida en mi actuar y pensar y quizás por eso he logrado encontrar caminos de la vida ante la muerte. Al burlarme de esas experiencias que lo llevan a uno al borde del abismo y reírnos de estas situaciones logramos no dejarnos caer. Llegar a ver la belleza y felicidad desde lo más oscuro de mi vida.

A mis diez años otro golpe del que pude salir a pesar del dolor y la perdida, un automóvil nos atropelló a mi Tía abuela y a mí, ella falleció, otra lección para aprender. Por esos días dio la casualidad de que con mis tías había estado estudiando una poesía sobre la presencia de Dios que está en todas partes e igualmente leíamos un libro infantil llamado Polly Anna donde la protagonista le enseña a todo su pueblo que no importan las dificultades y obstáculos que la vida nos ponga si pensamos que la felicidad, el amor y yo diría esa “irreverencia” que me encanta, nos puede ayudar a salir adelante buscando poder decir “es mejor así.”

Al año uno de mis hermanos quizás el mejor de todos nosotros tiene un accidente automovilístico, una amiga de él fallece y el queda por  mucho tiempo inconsciente y paralizado del lado derecho, el pronóstico era muy complicado, por designios de Dios y  las cosas de la vida quedo vivo, su condición quedo muy limitada y cuando veía triste a mis papas nos decía no estén tristes esto es parte de un aprendizaje para ser mejores y poder ayudar a otros (yo evocaba la frase de la infancia del libro de Polly Anna, “siempre hay un motivo para ser feliz, es mejor así”), y eso fue lo que él nos enseñó la gratitud, la resiliencia, el amor a Dios y a la vida.

Pasan los años me caso y Dios me regala un hijo maravilloso, cuando él tenía 6 años a mi me diagnostican un cáncer, por supuesto sentí mucho miedo pues mi hijo estaba muy pequeño, pero nuevamente logré salir adelante burlándome de mi enfermedad y buscando no por qué, sino el para que. Pasan varios años y entro a una cirugía aparentemente sencilla e inventada, pero como todo lo mío se complica quedo en coma y el pronóstico no es el mejor pero nuevamente desde mi inconsciente y mi forma de ser vuelvo a arrancar de cero. Parte de mi rebeldía hace compararme con un carro se le dañan algunas partes, se oxida la carrocería se mete al taller le ponen repuestos nuevos, lo pintan y sale como nuevo, así me pasa a mi quedo cero kilómetros para seguir sirviendo a los demás.

Estas son algunas fichas del rompecabezas de mi vida. Por supuesto estos son fragmentos de muchas vivencias que marcaron de manera muy importante este viaje de siete décadas.

Para cerrar este escrito pienso que no puedo dejar de nombrar el movimiento que desde muy niña me enseño que lo más hermoso de este viaje es amar la naturaleza, que debe predominar el amor a los demás sobre todo y es el Movimiento Scout donde nuestro lema es “SIEMPRE LISTOS PARA SERVIR”.

Y como diría Mercedes Sosa: “Gracias a la vida que me ha dado tanto…”

Educadora y Gestora Cultural. Especialista en Neurolingüística, Neurociencia y Logoterapia-Sentido de Vida.

PD. Estos escritos son una muestra de ejercicios realizados en el taller de escritura: narrativas reflexivas: escribir y simbolizar la vida.  Mayo-Junio 2026. Educación Continua. Pontificia Universidad Javeriana. 

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