Las estaciones de nuestra sangre

Por: Valentina Fontecha Bayona

Invierno

Bogotá, 17 de septiembre de 2025

Querida señora Iris:

Hoy floreció una de tus orquídeas.

No sé si la noticia te habría parecido importante, pero a mí me detuvo el día entero. La observé durante varios minutos, como si en sus pétalos hubiera quedado escondida alguna instrucción para continuar.

Tus plantas siguen creciendo. Yo también, aunque con menos gracia.

Amapola, tu nieta favorita jaja dice que debería alegrarme por la flor. Lo hago. Pero la alegría y la tristeza han adquirido la costumbre de sentarse juntas desde que te marchaste.

Esta noche volví a escuchar uno de tus audios. Te reíste antes de terminar una frase, como siempre hacías cuando estabas a punto de contar un chisme. Me sorprendió descubrir que aún puedo anticipar tus pausas.

Qué injusto resulta recordar una voz con tanta claridad y no poder responderle.

Que injusto tener que seguir con el peso de tu ausencia.

A veces pienso que tu ausencia se parece a esas habitaciones que permanecen cerradas durante mucho tiempo. Nada cambia dentro de ellas y, sin embargo, el polvo sigue acumulándose.

Hoy encontré una mariquita naranja junto a las materas. La saludé. Supongo que te habría divertido verme haciendo semejante cosa. Si realmente eras tú, gracias por la visita. Si no lo eras, gracias igualmente por el recuerdo.

Te extraño más en las noches, mamá.

Dalia.

Primavera

La casa donde todavía te esperamos.

Querida Iris, mi bella abue:

Hoy volví a tu casa.

La cocina fue lo primero que busqué. Supongo que esperaba encontrarte allí, preguntándome si quería jugo, gelatina o alguna de tus arepitas con queso. Qué extraño resulta saber que alguien no está y, aun así, seguir esperándolo.

Tus plantas siguen resistiendo. Algunas florecen. Otras parecen cansadas. Mientras las observaba pensé que el duelo debe parecerse mucho a un jardín: cada quien atraviesa la estación que puede.

Tu cuarto permanece igual. Las mismas cosas. El mismo orden. Como si el tiempo hubiera decidido pasar de largo por respeto.

Me quedé un momento mirando el relicario con tu fotografía y recordé algo. Durante aquellos meses insistí demasiado con preguntas y ejercicios. Quería ayudarte. Hoy me pregunto si alguna vez te sentiste frustrada por no encontrar las respuestas tan rápido como antes. Si fue así, perdóname. A veces el amor también se equivoca cuando tiene miedo.

Antes de irnos apareció una mariquita naranja junto a las materas.

Mamá y yo nos miramos y sonreímos.

Ya sabes cómo somos.

Te saludamos.

Con cariño, Amapola

Verano

Junto al Mediterráneo

Querida abuelita de mi corazón, de mi vida y de mi mundo entero:

Hoy pensé mucho en ti, por eso el inicio de esta carta esta vez luce igual cada que contestaba tus llamadas.

No porque estuviera triste, sino porque el mar tenía ese color que te habría obligado a sacar la camara para tomar fotografías desde todos los ángulos posibles.

Estoy en Italia. Todavía me cuesta escribirlo.

Esta mañana caminé por una playa pequeña llena de sombrillas y flores que crecían entre las piedras. Pensé que te habrían gustado. Siempre encontrabas belleza en cosas que el resto pasábamos por alto.

He descubierto que viajar se parece bastante a entrar en una casa desconocida. Al principio una no sabe dónde están las cosas, pero poco a poco comienza a sentirse cómoda.

Por cierto, sigo observándolo todo. Las personas. Las ventanas. Los mercados. Las conversaciones que no entiendo. Quizá por eso siento que me habrías acompañado bien en este viaje.

Ayer encontré una mariposa naranja cerca del agua. No voy a decir que eras tú. Pero tampoco voy a decir que no.

Con amor,

Amapola

Donde florecen los cerezos

Querida Abuelita de mi corazón de mi vida y de mi mundo entero:

Hoy vi los cerezos. Por fin.

Durante años hablé de este momento como si fuera una historia inventada y, sin embargo, aquí estoy, debajo de cientos de flores rosadas que caen con el viento.

Son incluso más bonitas de lo que imaginaba.

Mientras caminaba entre los árboles pensé en todas las veces que te hablé de este sueño. Tú siempre escuchabas con paciencia, incluso cuando mis planes cambiaban cada dos semanas.

Creo que una de las formas más hermosas de amar a alguien es tomarse en serio sus ilusiones.

Por eso hoy también es un poco tuyo.

No traje flores de recuerdo. Preferí guardar algunas imágenes. Una cantidad ridícula de fotografías.

Ya me conoces. Si estuvieras aquí, seguramente me pedirías que te mostrara cada una.

Con mucho amorsote,

Amapola

Otoño

Bogotá, 12 de diciembre de 2030

Querida mamá:

Hoy Amapola se graduó.

Te habría buscado entre el público si hubieras estado allí. Estoy segura. Tiene esa costumbre de buscar a quienes ama incluso cuando sabe que no puede encontrarlos.

Se veía hermosa.

Llevaba la misma sonrisa que ponía de niña cuando estaba orgullosa de algo y trataba de disimularlo.

Durante toda la ceremonia pensé en ti.

Pensé en cuánto deseabas verla graduarse. En las veces que preguntabas por sus clases, por los exámenes, por los trabajos que debía entregar. Siempre parecías más emocionada que ella.

Cuando recibió su título, aplaudí por las dos.

Y lloré por las dos.

Amapola sigue hablando de los lugares que quiere conocer. Italia, Corea, Noruega. Dice que todavía le quedan demasiadas cosas por descubrir. Creo que se parece más a ti de lo que imagina. Las dos tienen esa capacidad de entusiasmarse con la vida.

Yo sigo cuidando tus plantas.

Algunas ya no son las mismas que traje de tu casa. Han crecido, se han multiplicado y ocupado nuevas macetas. Supongo que así funcionan las herencias cuando son buenas.

No desaparecen. Se transforman.

Te extraño todos los días, pero hoy te celebré más de lo que te lloré.

Y eso, mamá, también es una forma de seguir adelante.

Con amor,

Dalia

Donde florecen todas las estaciones

Countryside path and landscape showing spring, summer, autumn, and winter seasons side by side
A seamless countryside path transitions through spring, summer, autumn, and winter scenes.

Mis queridas Dalia y Amapola:

He recibido todas sus cartas.

Las de las noches difíciles y las de los días felices. Las que llegaron mojadas por las lágrimas y las que traían arena de playas lejanas, flores de cerezo y noticias de lugares que yo nunca conocí.

No se preocupen tanto por mí.

Estoy bien.

Más bien cuéntenme ustedes cómo están.

Dalia, hija mía, deja de cargar sola con todo. La vida nunca te pidió tanta perfección. Has amado con una fuerza inmensa y eso siempre será suficiente.

Y tú, Amapola, sigue observando el mundo. Sigue haciendo preguntas, aprendiendo cosas nuevas y persiguiendo los sueños que me contabas. Me alegra saber que no dejaste de caminar.

Las dos creen que me encuentran en las mariquitas naranjas, en las mariposas o en las flores.

No voy a decirles que están equivocadas.

Pero tampoco voy a decirles que tienen razón.

Algunas cosas son más bonitas cuando permanecen siendo un misterio.

Lo que sí puedo decirles es que el amor no desaparece cuando una persona se marcha. Solo cambia de lugar.

Por eso, cuando se reúnan, cuando recuerden alguna historia y terminen riéndose antes de llorar, ahí estaré.

Cuando una planta vuelva a florecer, ahí estaré.

Cuando den gracias a Dios por alguna maravilla pequeña, ahí estaré.

Y cuando la vida se ponga difícil, recuerden lo que siempre les decía:

Pa adelante porque pa atrás asustan.

Las amo más de lo que estas palabras alcanzan a decir.

Con todo mi cariño, Iris

Entre canciones, películas y pasos de baile, he aprendido que algunas emociones se sienten mejor que cuando se explican. Por eso sigo buscando historias que dejen huella y coleccionando momentos que algún día merecerían aparecer en los créditos finales de una buena película. 

PD. Estos escritos son una muestra de ejercicios realizados en el taller de escritura: narrativas reflexivas: escribir y simbolizar la vida.  Mayo-Junio 2026. Educación Continua. Pontificia Universidad Javeriana. 

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