Circulos

Por: Angie Natalia Rondón Rueda

Mamá estaba en el colegio,  yo crecía en su vientre, me leía del amor y otros demonios mientras papá jugaba nintendo. Me decían, Santiago, y me esperaban con toda la ropita de bebé en color sol. Resulté siendo una Angie, por la canción de los Rolling Stones y al parecer desde ese día tengo nubes en los ojos. Éramos tres niños en la casa. tres niños en una casa sin un manual de procedimientos. Tal vez por eso papá me mandaba a comprar cigarrillos a los cuatro años y mamá me dejaba faltar al colegio para ir al río. En poco tiempo pasamos de ser tres, a cinco, llegaron mis hermanitos. Al fin llegó Santiago y Maria Jose. Crecimos entre inciensos y muñequitos de madera.

Trabajo mucho mucho mucho, con énfasis en tres veces mucho, porque tengo tres trabajos. Mismo horario. Misma posición. Recursos humanos. Soy el recurso humano de las empresas gringas, humanamente sin festivos, ni horas extras, ni salud, ni pensión, pero ganando en dólares, entonces mi familia asume que estoy hecha.

Tengo tres empleos y ninguno me gusta. Me hubiese gustado ser arqueóloga, ir a expediciones con mis uñas llenas de tierra por encontrar dinosaurios a los que bautizarian con mi nombre; o tal vez, ser maga y usar un gran sombrero del cuál podría sacar gatitos,conejos, palomas, tener un traje color trueno lila, lleno de lentejuelas, mis ojos de escarcha azul, y mis guantes de terciopelo que podrían crear flores y monedas de oro. También me hubiese gustado ser bióloga marina, poder dedicarme a estudiar la forma en la que las medusas bailan, enseñarle trucos a los delfines, poder diferenciar los tipos de caballitos de mar.

Quería tener muchos trabajos, cuando no sabía cómo funcionaban los trabajos, quería ser payasita solo porque me gustaban las narices rojas y las pelucas de colores, quería ser astrónoma porque quería ver las estrellas de cerquita, confirmar si son puntiagudas y plateadas, contar las lunas de Saturno. También quería tener una banda de soul jazz reggae rap donde yo tocara la pandereta y cantara como Donna Summer. También quería ser escritora para poder crear mundos con solo organizar las letras de cierta forma; ese oficio lo sigo intentando aunque mis tres trabajos con tres tristes tigres gringos me interfieran.

Tengo que ahogarme en Excel, las fórmulas me puyan los ojos, de tanto teclear gasto las letras, y cuando quiero escribir me quedo corta de palabras; a veces, cuando tengo que escribir un largo correo electrónico en el trabajo deslizo mis dedos por las teclas armoniosamente imaginando que son de piano y salen melodías. Mi escritorio tiene una vista horrible, es la parte de atrás de un edificio viejo y mohoso, donde a veces, por pura misericordia, llega una paloma  a bañarse en una canaleta oxidada. En días como hoy me duelen las manos, y eso me entristece, porque mis trabajos me quitan las ganas de escribir.

Siento que soy una niña adulta, con un manual de procedimientos muy grande. Tengo un miedo muy profundo de que mis hermanos se den cuenta de que soy tan niña como ellos y nuestros papás. De que en pleno almuerzo se me caiga el bigote y la corbata. Aunque creo que lo sospechan porque los zapatos me quedan grandes y se me salen cuando camino. Pero lo disimulo muy bien porque siempre hay leche en la nevera.

A veces siento que aún estamos flotando en el útero, con toda la incertidumbre de quién depende de un Dios silencioso, siento que los veo formarse lentamente, veo como les salen los ojos, la lengua, yo podrìa incluso darles mis huesos, que me absorban si lo necesitan para nacer sin complicaciones.

¿En qué me he convertido? Flor sin raíz flota río abajo mar adentro niña mala malgeniada a veces tan rombo precipicio abismo colorido pólvora mecha corta destellos de Dios entre mis dedos estrellas bailarinas en copas de árboles gato negro que se aburre en cantidades exuberantes exorbitantes monumentales incontenibles y entonces escribe para salirse del útero come huesos quitarse el bigote los zapatos grandes romper los teclados cerrar todas las ventanas de excel y abrir todas las ventanas de los sueños para bañarme con la paloma de la canaleta oxidada y salir volando convertida en mariposa que fue piedra que fue gusano que habita en la imaginación de una niña que cree que puede crear incomnesuradamente inmarsesiblemente jugando con las letras del abecedario como si fuesen colores como si fuesen notas musicales como si fuesen plastilina comestible las mastico las degluto me las trago las escupo en hojas tamaño carta que se vuelven cartas al cielo esperando que aquel Dios silencioso las reciba mientras Mamá está en el colegio; yo crezco en su vientre, me lee del amor y otros demonios, y papá juega nintendo.

Psicóloga y escritora de Cúcuta, Norte de Santander. Ha escrito ‘’Un abismo llama otro abismo – 2024″. Está antologada en ‘’El amor que a las estrellas desafía – 2025’’ y  ‘’Al hilo frágil lo azota fuerte viento – 2026«.

PD. Estos escritos son una muestra de ejercicios realizados en el taller de escritura: narrativas reflexivas: escribir y simbolizar la vida.  Mayo-Junio 2026. Educación Continua. Pontificia Universidad Javeriana. 

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