La mitad de la vida (o el llamado del alma)

Afortunadamente, las personas no somos soles…Pero hay algo solar en nosotros, y cuando se habla de la mañana, la primavera, el atardecer o el otoño de la vida no se trata de meras expresiones sentimentales, sino de verdades psicológicas.

Carl G. Jung

La mediana edad[1] puede ser un valle en descenso, un lugar para descansar de los ritmos vertiginosos de la veintena y la treintena, una tregua de reflexiones y hallazgos, una afortunada invitación a sentarnos con nosotros mismos, y participar sin excusas, de un encuentro íntimo con nuestra alma: este concepto tomado como sinónimo de psique, como expresión del mundo interno de la mente.

Para la psicología analítica es un tema relevante, pues marca un punto importante en el desarrollo de nuestra vida, un hito de maduración y anudamiento, para la posibilidad convertirnos en nosotros mismos; de lanzarnos a construir un destino que integre lo mejor de la primera mitad de la vida, con los descubrimientos y desafíos de la segunda mitad. Esta etapa propone entonces una intensa transformación psíquica que en principio no convoca al otro, al mundo otro, sino un duelo con nosotros mismos, con nuestras falencias, con nuestros dones, con nuestra capacidad para afrontar lo que somos sin ilusiones falsas, sin brillos cegadores.

¿Pero que hace tan especial este momento?, ¿qué lo embarga de tanta importancia? Se asume como un momento que abre la posibilidad de agotar el tiempo de la expansión exterior propia de la primera mitad de la vida, con sus complacencias y autoelogios, con su determinación de funcionalidad y verdad yoíca; para abrir una vía de expansión e integración psíquica más hacia adentro, que de entrada a funciones psicológicas en sombra (mientras sacrificamos las funciones psicológicas que dominaron la primera mitad de la vida); a la inevitable emergencia de sombras personales, (contenidos inconscientes que aparecen para ser considerados e integrados); a la caída de viejas máscaras que cumplen su ciclo (y la necesaria llegada de nuevas máscaras, pidiendo su liberación); y por supuesto, a la tarea nada sencilla de integración de los arquetipos del ánima y el ánimus. Todo un cumulo de pulsiones y complejos ( tanto positivos como negativos) que se despiertan en esta etapa para ayudarnos a cumplir un destino más propio y autentico; entre otros procesos psíquicos y singulares de cada persona, que reclaman igualmente ser analizados, comprendidos y puesto en consideración.

Sin tregua … con proceso

“La individuación supone…un ensanchamiento de la esfera de la consciencia y de la vida psicológica consciente” Carl G. Jung

En este camino hacia de ser nosotros mismos, con un destino más cercano a lo que realmente somos, no puede ser sino proceso, vía que integre una voluntad de espera y de curiosidad; nada acabado, nada de ciclos siempre en ascenso, con psicologías de la autocomplacencia, sino de la activación del símbolo, de su fuerza amplificadora y creativa. Simbolizar las memorias y las experiencias en umbrales de sentido y liberación.

Reconozco que no es un momento fácil, ninguna época lo ha sido, para ensalzar las virtudes de lentitud y asimilación, de la voluntad para la espera; cuando todo urge ser resuelto en la urgencia del padecimiento. Sin embargo, siendo nosotros mismos procesos inacabados, la propuesta de una revisión intensa y existencial, no se hace más que amplificar nuestra experiencia de sentido, de convertir los que somos en material para alquimia personal, para la lenta elaboración de ese material preciado que somos, y que se suele diluir en la indiferencia y la evasión, con la que a veces tratamos nuestra vida.

PD 1.

Apunto de cumplir años (todavía en transito de mi década de los cuarenta), siento que nada debería detener este proceso de escrutiño y reconstrucción existencial. En estos años me he encontrado con cumbres de alto trabajo psíquico: que han incluido descensos vertiginosos, valles de descanso; algunas recompensas y alegrías basadas en el entendimiento de mis dinámicas psíquicas; pero sobre todo, la voluntad siempre dispuesta para esta apuesta personal por no dar tregua, por ser proceso con mis propios lugares de transformación y conocimiento. Y es justamente desde aquí, donde se origina esta historia de acompañar a otros, de ser proceso con otros, con sus desafíos y búsquedas, con sus historias de la segunda mitad de la vida, de interioridades recién descubiertas.

PD 2.

Sobre la pintura que he elegido para esta entrada: su nombre es  “La llamada« es una obra surrealista pintada por la artista hispanomexicana Remedios Varo en 1961. Esta pintura es un óleo que tiene como figura central a una mujer con un vestido anaranjado lleno de luz y brillo, ella parece avanzar hacia su destino, decidida, la pintura esta llena de simbologías que fusionan el misticismo y la ciencia, las figuras laterales emergen como las memorias, los rostros que deben enfrentados para este llamado, el llamado que el alma hace cuando encuentra el espacio para su realización. Actualmente esta obra forma parte Museo Nacional de Arte de Mujeres, ubicado en Estados Unidos.


[1] Pensada en esta entrada como la década de los cuarenta años en adelante.

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