Las Intermitencias de un Diario Inacabado

Por: Jesús Carrillo

Dia 1.

Diciembre 1971. Con el pergamino bajo el brazo, que acreditaba mis estudios de abogacía, descendí hacia la Candelaria por la calle doce. Con nostalgia de la provincia repase el tiempo del Colegio, el hipismo que miraba con recelo pero sin privarme de las lecturas de Escobar, Arango, X 504 y Jota Mario esa pléyade de nadaistas que sembraron el irreverente nihilismo juvenil. Pensé en los amigos que se alistaron en la guerrilla y murieron en el primer combate en Simacota, entonces rebeldes sin causa todavía. Volver a la provincia  era la opción más clara, aunque partir era el sueño porque la vida es un viaje que nada debe detener. Mayo del 68 ya inundaba las universidades del mundo y anegaba las calles de Paris y su eco era perceptible en estas alturas de los Andes. El boom de la literatura latinoamericana ya tenía eco en las estanterías de los libreros y las mentes de los iniciados.

Con el pensamiento rotundo de proseguir estudios universitarios, fui aceptado por la Universidad en Paris. Recibo la respuesta de la Embajada en Bogotá. Confieso que me aliste como para ir al frente. Sin calcular dificultades distrayendo los días, hojeando revistas en la alianza de cooperación Francesa, empacando en mi magra maleta de cuero los pocos haberes y así “ligero de equipaje como los hijos del mar” me sentí presto para emprender mi viaje.

Solo restaba la despedida familiar. Fui hacia Pamplona, cuando la guerra fría dominaba los medios en esa época, y era más fría en esa latitud pero aquella mañana la ruta se sintió candente con las noticias sobre el golpe de estado que entronizo la dictadura de Pinochet en Santiago y se auguraban días difíciles para América Latina.

Consciente, asumí que mi destino no estaba en la guerra, en cambio, si en las letras y la filosofía atrayentes, exigentes y de altura, pero la lucha por la vida me impuso la elección de un arte y opté por el arte de lo equitativo a pesar del estigma que hacía pensar que el derecho como oficio era el de hacer negro lo blanco y lo blanco convertirlo en negro.

Partir es vivir es renacer a una nueva vida en suma, es descubrir horizontes, cielos y costumbres diferentes, personas y otros pensamientos, es una epifanía.

Dia 2.

La despedida fue en la casa paterna. El café de la mañana fue junto a la pileta del jardín como de costumbre, en pijama desafiando la baja temperatura del Valle. Mi padre sentencioso insistía en el estudio a cualquier precio como único camino posible y al alcance para romper la ignorancia y la pobreza y en la constancia y la fuerza de voluntad para no sucumbir ante las dificultades. Mi madre solicita acompañaba la tertulia con invocaciones protectoras. El adiós ya estaba dado pero faltaban las bendiciones de la “nona” que todavía pesan en mi espalda como un haz benefactor de buenas intenciones y escudo protector en los caminos de la vida.

Dia 3.

En las estribaciones de Monserrate o Guadalupe se aposento la Universidad externado de Colombia que era mi base en el mundo. Yo no recuerdo nada distinto solo me importaban el pasaporte, el pasaje, los seguros, las cartas credenciales, mi maleta  y mi ruana Boyacense.

En mi pequeño circulo familiar no faltaron las despedidas, compañía hasta el aeropuerto previa una noche de bohemia con aguardiente y música infaltable para el recuerdo. Sonó, “reloj no marque las horas” recuerdo el ruego enamorado de una española que añoraba su patria a quien oí decir: “recuérdame cuando pases por los pirineos”.

Dia 4.

El avión había despegado la tarde anterior, desperté con una sensación de desconcierto como si hubiera salido de un túnel hacia un paisaje nuevo. Las formalidades  de la tripulación, la inmensidad del océano, el avistamiento de las islas y la aproximación al continente Europeo precedieron a la vista de Paris anunciada por el capitán. Marque en mi libreta: “sueño cumplido” y repase floración de todas las expectaciones acumuladas desde niño.

Por la necesidad de proveerme de moneda local ya en tierra, me acerque a una oficina de cambio donde un joven que identifique como mexicano por el acento que había oído apenas en las películas de Mario Moreno, me ofreció ayuda. Era parte de un grupo de profesores franceses becarios recibidos por un edecán del servicio cultural Frances. No dudó en presentarme a la azafata del grupo quien me identificó como huésped de su organización y ofreciéndome apoyo me condujo hacia el grupo para el transporte previsto ahorrándome una vicisitud.

En camino todos entonaban sus rancheras predilectas, no me eran desconocidas sus canciones. La primera parada fue para anunciar la llegada a la residencia Jean Calvin destino para las damas del grupo, la segunda en Dareau donde fuimos recibidos y con suerte permanecí hasta el final de mi estancia. 

Dia 5.

Nuevo amanecer. Sin pérdida de tiempo me dirigí a la Universidad para preguntar por mi preceptor y director asignado. No sé en qué idioma nos entendimos porque ni el profesor dominaba la lenguas española y yo entendía mucho menos su idioma nativo. Tiempo después me confesaría que para él Colombia era antes y después de Jesús. Colombia le pareció un bello nombre como para una flor, entonces le hable de las orquídeas. Era otoño. Orientado sobre la línea seis del metro, comencé a descubrir bajo los puentes a los jugadores de petanca, hombres caminando de regreso a casa con la baguette bajo el brazo como Mr. Thibaut el dibujo animado que ilustraba las clases de francés, y el ulular de las sirenas de los servicios de urgencias médicas y policivas.

Dia 6.

Envuelto en un gaban gris, portando un maletín con mis primeros libros de notas, tomé la calle de la glaciere a lo largo del sombrío e interminable muro de la prisión de La Santé que albergaba los condenados a muerte. Aquí está el Chacal pensé. Era un terrorista Venezolano recientemente atrapado por la policía. Entre tanto trataba me memorizar los nombres de las calles que me acogieron durante tres años como una nueva sombra proyectada en ese inmenso mar que es la gran ciudad. Fui por Raspail en busca de la colina de Lutecia hasta llegar a la Plaza del Panteón. Ubique el número doce, penetre en el famosísimo claustro sentí el peso de los años y el paso de las generaciones del mismo modo que me agobió la responsabilidad que asumía. Ya afuera, a un costado de la plaza se destacaba el “Hotel de Los grandes hombres” así nombrado para atraer a los estudiantes  buscadores de la gloria.

Dia 7.

Muy temprano comencé a descubrir la capital polifónica y polifacética, a reconocer los sonidos de la ciudad, el del metro, el de las ambulancias, las emisiones radiales y televisivas, los gritos y juegos de los niños en los parques, y el crujir de los carruseles que hacen la alegría de la edad adulta con sus nietos. La nostalgia inseparable me remitió entonces a la patria lejana donde se gestaba una nueva oleada de violencia.

La iglesias no eran oratorios sino espacios para los conciertos, los salones académicos eran también áreas de exposiciones de pintura, cada calle con sus nombres evocadores un tributo a la fama, las estaciones del metro reviven el orgullo nacional y los puentes son postales erigidas en el altar del romanticismo y los monumentos públicos ofrendas a la patria.

Es invierno 1975, el Louvre abre sus exposiciones permanentes y estacionarias todas pletóricas de obras maestras que perduran en la memoria. Era el centenario del impresionismo que marco el inicio del siglo XX. Me introdujo en ese mundo maravilloso.

Es navidad, acepte la invitación de una familia, frente a Notre Dame, muelle de Monte Bello, ceremonia de la natividad fue acompañada con música de Hendel y versos de Paul Claudeldel.

Dia 8.

Habitualmente invertí mi tiempo matinal entre gacetas, código y volúmenes de derecho. A eso había venido por supuesto. Un día fue preciso concluir la aventura del mundo jurídico, con la presentación de un trabajo escrito para someterlo al juicio del jurado y superar la exigente prueba. Ese día, nevó inusualmente, tanto que mi preceptor cuando anuncio la aprobación para discernir el doctorado discernido por la Universidad aludió al evento de la naturaleza como un buen augurio para el futuro de su estudiante.

Un grupo de estudiantes colombianos, griegos y venezolanos se reunieron para sellar con una nota de alegría, el hecho que para mi constituía el enigma de otra partida.

Dia 9.

Ahora la suerte esta echada. Retomo el diario aunque tarde. Es primavera, el frio polar se respira en esta estación invernal hay flores en las aceras y en las ventanas, lluvia intermitente y un sol esquivo de nuevo la ciudad deslumbra deambulo y miro desde la distancia tomo asiento por San Michelle en el café de Notre Dame embelesado me detengo en los pasantes tratando de encontrarme en ellos y en el tiempo pasado. Hago memoria de mi encarnizada lucha por el dominio del idioma, los paseos al borde del rio entre viejos libreros, las noches de bohemia vivida mil veces al compás de la melodía de Charles Asnabur y Jaques Brell con su canto triste de Ne Me Quite Pass. Uno es la nostalgia, el otro una plegaria.

Concerté una cita con el viajo amigo Hashimoto, dirección Puente de Alma donde un accidente acaba de cegar la vida de la princesa Diana. Millares de rosas yacían marchitas. En camino, sobre el adoquinado de la vía encontré una paloma exánime y pensando en mis viejos amores me llené de nostalgia. Paris también es triste. La fría calidez del abogado a quien encontré en su bufete se rompió en encuentro amigable que me hizo participe de los secretos de la culinaria japonesa mientras me narro en tono confidente la separación de quien habia sido su esposa.

Hube de reencontrar también a Adib amigo que me introdujo en los misterios de la Siria antigua y del medio oriente cuando disfrutábamos de la proverbial generosidad arabida. Ahora solemne profesor, historiador, matemático y lingüista confinado en un decoroso apartamento porque nunca pudo regresar a su patria por la guerra que aun no termina como su doloroso desarraigo.

Dia 10.

Hoy es un nuevo comienzo. Otra partida, un nuevo sendero en la vida. Otro diploma bajo el brazo para cerrar un ciclo que aún no termina y anuncia otra etapa.

Volver no es regresar y todo retorno no es reencuentro me dije aquella mañana. Algo falta en el diario y esa idea me corroe. Oigo el lejano recuerdo del altavoz de la estación Denfert Rochereau anunciando el próximo y último vagón del tren hacia Massy Palais Eaaux, cuando se desprendían entonces nuestras manos y la mirada nos unía mientras el carruaje traqueteaba como el viejo metro de parís.

Presa de la incertidumbre, del desasosiego de no saber qué hacer con dudas, reproches y absoluciones ante mi propio tribunal y a pesar de mis contradicciones volví a la misma estación en procura de noticias. Si, encontré un barrio  típico de la periferia capitalina, edificios vetustos, calles soleadas, el café tabac, fui único testigo de mi presencia en aquel lugar. Pregunte por ella en la cafetería de la esquina. “Creo que se fueron”, así, en plural para Montparnasse. Otro pasante me señaló el edificio al cual me dirigí sin ambages, timbre y no hubo respuesta, un hombre asomo su rostro en la ventana y desapareció sin mediar palabra. Ahí deje mi último sentimiento de devoción por quien me había acompañado en días felices y otros no tanto. Allí comenzó el olvido y como en las otras jornadas que he anotado, Paris me golpeaba intensamente como un campo santo donde yacen muchas vidas, mueren amores que parecían eternos y se esfuman las ilusiones que yacen muertas por doquier.

La noche cayó, fui a Montparnasse, tome un banco en el bar “la coupole” junto a la ventana y una copa me acompaño a despedir estas jornadas, no sin mirar furtivamente los pasantes en pos de sus moradas, y… para siempre sin escuchar ni su voz, ni el tic tac de sus tacones.

Jesús María Carrillo Ballesteros.

Me identifico como un itinerante en el universo de las letras y la filosofía, que se perdió en el territorio del derecho. Un docente que transmitió emociones antes que formulas mágicas para resolver los enigmas de la vida.

PD. Estos escritos son una muestra de ejercicios realizados en el taller de escritura: narrativas reflexivas: escribir y simbolizar la vida. Mayo-Junio 2026. Educación Continua. Pontificia Universidad Javeriana.

Deja un comentario