“La reina salvaje del centro “

«Ella es inocente y llena de carácter tal como una rudísima bebé experimental.»

Anne Carson/ Red Doc

Pocas cosas son tan necesarias e importantes como  dedicar un poco de tiempo para escarbar en los viejos imaginarios; reconocer cuán aferrados estábamos a seguir perpetuándolos y el peligro de cristalización que estos imaginarios pueden tener en nuestra vida.

Cuando pienso en mis viejos imaginarios, esos que me alimentaron casi dos décadas: recorro en mi mente los barrios antiguos y tradicionales del centro de Bogotá: suspiro y siento el olor de sus calles, absorbo sus noches y la avidez de mi juventud intuyendo sorpresas y aventuras. Vuelve a mí,  la imagen de mis pies de recién llegada caminando entusiasmada por la nueva ciudad.  Luego hago una pausa en mi café mañanero para volver a ver los tejados de la Candelaria, con sus gatos de enormes ojos mirándome leer los libros que me ponían en las clases de literatura.

El centro de Bogotá me vio crecer, mientras me criaba en sus cine clubs, en sus cafés de tertulias eternas y en sus bibliotecas enormes que me vieron escribir las primeras palabras académicas. En esos años vivía entre espejos que confirmaba la idea exacta que deseaba tener de mí.  El yo intuye que su existencia necesita de proyecciones que confirmen su construcción, que fortalezcan sus límites.  Por esto, celebro con gracia los años que viví en el centro de Bogotá. Celebrar con las palabras es también es una forma de poner las cosas en orden y seguir adelante.

A punto de cristalizarme…

Sólo dos veces me fuí del centro: al monasterio Zen y a la vieja Europa. Ambas fueron formas de huida no improvisada, buscaba un orden superior, una posibilidad en los márgenes, y en la extrañeza de la aventura. Siempre volví al centro, como quién vuelve al hogar, a la sutileza de lo conocido. Y siempre a punto de cristalizarme, mi origen de provinciana parecía marcarme una ruta, una línea recta de inicios conocidos.

La Candelaria fue el hogar rebelde, todo era prestado y fuí una extranjera más… siempre de paso. La Macarena fue el hogar libre, la posibilidad de crearme un rostro, una vida independiente. Y finalmente en Teusaquillo y la soledad, fuí desenrollando la madeja, vaciando el cántaro, eliminando las toxinas, fue el hogar de un ciclo final: la pandemia, mis cuarentas, la resolución de un nuevo camino.

Hogares posibles…

Cuando por  voy ahí, caminando por mi nuevo barrio en el norte, no puedo evitar que una extrañeza me invada de repente, como si estuviera en una ciudad que desconozco. Desde mi nuevo apartamento veo dos enormes árboles: un cedro y un pino, espero estos señores del tiempo se conviertan en mis guardianes, mientras voy respirando este nuevo momento de autodescubrimiento; que es finalmente un momento más del camino de la vida, esa vida que vive empujando sin tregua,  la vida  móvil y cambiante.

El privilegio de saber quién somos, no nos limita a vivir en un solo lugar, sino que nos da la posibilidad de vivir en cualquier lugar, y aceptar los retos sin descubrir, la nostalgia de la bienvenida, la extrañeza de haber cruzado el puente y no saber todavía donde está el inicio del camino, donde están las nuevas máscaras que vamos a usar para la próxima batalla.

Nota importante: el nombre de esta entrada surgió en medio de una cena y se lo debo a una querida estudiante que también está impulsando una nueva aventura vital.  

P.D. Algunos apartes de mi panorama cósmico mientras escribía esta entrada ( 13 de noviembre) y que coincide con una mudanza indefinida del centro de Bogotá:

🌟Luna nueva es escorpión 🦂 / tocando mi ascendente y mi Urano en escorpión en casa 1 / aporta la intensa dedicación a la transformación interior. Saturno directo en Piscis/ tocando los últimos meses mi casa 4 / aporta la significativa reestructuración del hogar interior y exterior. Y Mi Sol y mi Marte en casa 1 aportan al renovado rostro.

Feliz 2024

“ sean luz para ustedes mismos “

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6 respuestas a «“La reina salvaje del centro “»

  1. ¡ Qué hermoso tu relato sobre tus imaginarios Angélica ! Me dio luz sobre lo que yo he llamado las fantasías y obsesiones de mi vida. Como marcan, como motivan y como tienen que ir quedando atrás. Muy bello. Gracias y saludos.

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  2. Angélica, disfruté muchísimo esta narrrativa. Leyéndola, recorrí cada lugar, imaginé cada espacio y llegó a mí cada sensación. ¡Gracias por escribir y compartir estas maravillosas experiencias de vida!

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  3. Mi querida profesora, gracias por compartir tu experiencia. Yo, ahora habito otros espacios, ya no solo una nueva casa, hermosa si, pero ella y yo aún no nos aceptamos del todo, yo a amansarla y ella sigue fría. Pero no solo he tratado de habitar este nuevo lugar y este nuevo municipio, donde ni siquiera puedo sintonizar de manera nítida las emisoras de siempre, ni tampoco sintonizarme a mi misma; sino que el espacio interno me está siendo esquivo, me percibo como en el vientre de la ballena, a veces me da curiosidad este viaje oscuro y lento, otras veces siento que Nínive no es un destino, entonces me ahogo un poco, busco aire y oriento mis pensamientos a alguna actividad cotidiana de las que abundan y no parecen tener fin. A las reinas del pasado gracias y a las que se vislumbran tímidas también. Un abrazo. V.

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