Dime, ¿qué más debería haber hecho?
¿No es verdad que todo al final se muere, y tan pronto?
Dime, ¿qué planeas hacer con tu preciosa, salvaje, única, vida?Fragmento del poema Verano de Mary Oliver (escritora EEUU)
La naturaleza de la vida se alimenta de nuestra capacidad de desear, de ser sujetos que desean, que desean con el cuerpo, con la cabeza puesta en una ilusión, en una meta por cumplirse. Por eso, vivir en el deseo, como fuente de fuerza y afirmación del presente, es convertirse en portador de algo, de una fuerza escondida, de una posible fuente de sentido.
Desear: aquella noche todo fue mirar el horizonte, contemplar los astros, y anhelar y anhelar. Aquel día, todo fue producir la fantasía de un camino, pensarme (nos) bajo su cobijo, en la satisfacción de su amparo.

Para luego, tener que aprender a poner esta alma deseante en postura de labor, o laboriosidad afirmativa: que el deseo encuentre su lugar en la vida diaria, que se vaya realizando mientras vivimos y lo sostenemos. El deseo se va entonces transformando más que en su posible realización, en el camino que le da vida, en el proceso de irlo haciendo e irlo deseando… irlo deseando e irlo haciendo, y así, sucesivamente, infinitamente.
Muchas fantasías, complejos y heridas, toman forma en lo deseado, intentos por complacer, por sostener nuestras imágenes ideales, por revivir viejos sueños o deseos de otros; por esto, la tendencia común como sujetos deseantes, es posiblemente, en caer en el síntoma reiterado de la imposibilidad de escucharnos, de diferenciar entre nuestros verdaderos deseos y los deseos del mundo que nos rodea.
Este año comprendí, en medio de mis propios embates y errores por cumplir mis deseos, que una cierta sabiduría a la inversa, donde podamos reconocer y elogiar nuestros límites, y no solo nuestras posibilidades y recursos personales, puede ser una buena estrategia. Así podemos dar luz a las acciones que encarnen el deseo, sin perdernos en la pretensión de un ideal: el yo que quisiéramos ser (al desear) y la realidad de nuestros límites. Enseñarnos a desear con el material real que convoca nuestra existencia, con nuestros recursos trabajados y conseguidos, y también por supuesto, con nuestros errores.
Hacernos justicia
¿Qué sería hacernos justicia? ¿Qué sería no renunciar al deseo, y a la vez, no caer en la pretensión que lo rebasa, y que no lo deja realizarse en la realidad? Estas preguntas me resuenan en esta mañana de domingo; igual que les pueden resonar a ustedes en cualquier momento de sus vidas deseantes. Sobre todo, cuando hemos sobrepasado los limites de lo que podríamos desear y hacer, o nos hemos quedado sin caminos que desear.
Romper el ciclo de la repetición dolorosa de los caminos que no nos pertenecen; requiere talvez, acoger el equilibrio justo entre el deseo y sus limites; una esperanza que batalla constantemente con nuestra capacidad de vernos y sentirnos con total honestidad. Y que significa, usar con discriminación lo que separar la realidad de la fantasía, y propone desde una justicia propia, el reconocimiento del lugar que nos pertenece. Donde no hay nada debajo que aliente la presunción, y nada por encima, que aliente la envidia o la sensación de fracaso.
Loable labor esa de reconocer el lugar que nos pertenece. Estar en el lugar, el tuyo, el mío, el nuestro; un lugar que sea un modo de hallar justicia para el alma. Y obtener la disposición de irse hallando e irse apropiando del valor suficiente, para cuando vayamos perdiendo el valor; perdonarnos por fin, por los requisitos que no hemos podido cumplir, y no sentirnos expulsados de lo que sí somos capaces de hacer y crear.
Talvez así, desear sea un ejercicio genuino y no ingenuo. Y este yo reconciliado con sus limites y deseos estará en capacidad de sostener y reconocer las innumerables posibilidades que brinda la vida, mientras siente el poder que conlleva habitar el lugar, el lugar justo dentro y afuera. El yo en la labor de realizar y seguir con Vida.
PD:
Les deseo a mis estudiantes, y consultantes, a los lectores ocasionales de este blog, y seguidores de la escuela Vía Simbólica, un año 2026 lleno de deseos del alma, de capacidad para seguir deseando, y de la fuerza necesaria para llevarlos a cabo en la realidad.
