El viaje forzado: un hogar en el corazón

¿Es que al final

no tendré más vivienda

que cinco pies de nieve?

Issa

Toda guerra es un asunto macabro, y por supuesto, pone en entre dicho nuestra humanidad. La guerra pequeña y la guerra grande, no hay diferencia; incluso nuestras guerras cotidianas, las que no se muestran en televisión y que escondemos con recelo en el calor de nuestros hogares.

Hablar de guerra es también hablar de viaje. Porque al otro extremo del viaje comercial o turístico o cultural, se asienta vertiginoso y extremo, el viaje forzado: éxodos sin destino y sin alma qué instauran, inevitablemente, la herida del desarraigo. Este es un viaje de pies gastados…

Frente al desplazamiento, la migración y el exilio, ya en sí mismas formas crueles del camino; el viaje del refugiado, es tal vez, un síntoma más letal de la pérdida. Ya lo dijo Zigmunt Bauman: Cuando se es refugiado se es refugiado para siempre…refugiado es igual a residuo, a vivir del asistencialismo y no tener ya nada: ni casa, ni posesión, ni trabajo. Se sale de viaje huyendo y de prisa, hacia vías inciertas y peligrosas, hacia países de otra lengua y hacia un “afuera” doloroso.  

Sin embargo, todo viaje forzado es un guerra en el alma…

Pd: hoy 8 de marzo, 1,3 millones de personas han salido huyendo de su hogar a refugiarse de la guerra.

Collage: Daphne Ruhz @daph_ne_r

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