Capadocia: El Viaje Mineral

Dora Restrepo (autora invitada)

Cómo olvidar nuestro viaje a Capadocia.  Recuerdo que fue un viaje que desee con todo mi ser.  No quería ir a recorrer museos, obeliscos o estatuas muertas.  Sentí solo un llamado:  ir contigo y nuestras familias a Capadocia.

Recuerdo que nos encontramos en el aeropuerto de Estambul que para mí es uno de los más grandes que he conocido, parecía una torre de Babel con alas, gente de todas las razas yendo y viniendo, con sus rostros diferentes y sus lenguas diversas. Después de recoger las maletas nos sentamos en un cafecito decorado con flores a esperarte a ti y a tu esposo.   Cuando llegaron fue como si nos encontráramos por centésima vez, tomamos el vuelo a Adana donde nos esperaba la familia de tu esposo.  Recuerdo como un retrato el apartamento donde nos recibieron.  Todo finamente decorado con colores mediterráneos azul, rojo y verde, mosaicos infinitos en manteles y tapetes que me transportaron a las caravanas selyúcidas en el desierto de Anatolia. Nos esperaba un desayuno que para mi sorpresa era demasiado colorido: aceitunas, tomates, pepinos, hojas verdes en total armonía con los colores del mantel y el tapete. Todo el manjar parecía bajar desde la mesa por el mantel hacia el piso formando una sola composición. La tetera, la tacita de té, las cucharitas todo en el lugar exacto.  Pensé que tal armonía la crearon tus antepasados observando las formas naturales y materializándolas hasta la perfección artística. ¡Tú eres arquitecta, como más podría ser! Entonces recordé el libro que me regalaste donde leí:

All the pictures which science now draws of nature and which alone seem capable of according with observational fact are mathematical pictures… From the intrinsic evidence of his creation, the Great Architect of the Universe now begins to appear as a pure mathematician.                                  -Sir James H. Jeans

Fueron varios días con tu familia y la de tu esposo en Adana, para mi era como si yo perteneciera a tu tribu.  Las casas, sus patios, la comida, los gestos, las manos de tu madre…todo lo conocía no se de dónde.  No me sentía extraña, me sentía tu hermana.  No necesitaba hablar tu idioma, con solo verlos a los ojos yo comprendía todo como en una especie de telepatía genética. Al cuarto día salimos en carro hacia Capadocia. ¡Que hermosos paisajes! Las montañas de Anatolia gigantes, desérticas, inmensas….

Cuando llegamos a Göreme mi corazón paro un instante, y como si quisiera volver a nacer, tome una gran bocanada de aire para reconocer que ese lugar era real.  No podía creer lo que veían mis ojos: era el tiempo congelado en la caverna, la cueva, la piedra, las entrañas de la caverna prehistórica donde la humanidad fue parida.  ¡La perfección mineral! ¡La arquitectura de Dios!

Göreme es un espacio de una dimensión entre humana y extraterrestre.  Allí nos hospedamos en un hotel labrado en la caverna.  Esa noche dormí profundamente protegida por la roca.  Los días allí transcurrieron como en fragmentos de sueño: caminamos por las calles, entramos a los mercados, comimos deliciosos manjares, danzamos, reímos.

El tercer día nos levantamos muy temprano para ir al valle de los monjes y mirar la maravilla mineral desde al aire.  Si en tierra sentí que quería volver a nacer, en el aire sentí que moría y renacía, como si muchas veces mi alma hubiera transitado por encima de las chimeneas de hadas.  No quería bajar del globo…. quería permanecer ingrávida sobre las rocas hasta que cayera el sol. 

Y como todo es mágico en tu tierra querida hermana, recuerdo cuando fuimos a comprar la sultanita.  Yo no quitaba mis ojos de esa maravillosa piedra camaleónica.  La vi cambiar de colores y me enamore de ella como me enamore de tu gente.  Quisiera que volviéramos a hacer ese viaje antes de partir de este mundo: el viaje mineral, el viaje orgánico hacia lo inorgánico.  

Dora Restrepo, aprendiz simbólica e interesada en la lectura desde muy joven. Este año he iniciado este viaje de exploración interior a través de las escrituras autorreflexivas; voy naciendo cada vez más a mi esencia de mujer capricorniana, seria, muy seria pero de corazón apasionado.

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