I am a … holic

A.B  (autora invitada)

Hay temas que son difíciles para mí, tanto para escribirlos como para hablarlos.  Algunos por falta de conocimiento, de aceptación, por vergüenza, o por todas las anteriores.  Las adicciones ERAN uno de esos temas.  Evadir era más fácil que afrontar y aceptar.  Pero aquello que no se sana de raíz, tiende a repetirse una y otra vez, en esta vida o en otras, hasta que lo aprendes y lo sanas. 

Si bien podemos hablar de dependencias o de malos hábitos, en sí la adicción encierra el mal concepto de ser una enfermedad que además solo puede curarla un médico.  No comulgo con esta definición, creo que las adicciones pueden trabajarse de muchas formas, algunas con mayor o menor grado de ayuda de especialistas, pero todas con la convicción y ganas de la persona que las padece.  Y el primer paso es normalizarlas para poder hablar de ellas. 

En este proceso de mirar hacia dentro, en este viaje interior (uno de los tres viajes que hago), he observado mucho y con detalle mis malos hábitos.  He ido entendiendo cuáles son los estímulos que necesito para lograr esa sensación de bienestar que me producen.  He ido aceptando que esa sensación de bienestar es en muchos casos efímera, de pocos minutos de duración, o como mucho, horas.  Que son sensaciones pasajeras y que necesitan nuevos estímulos para volver a sentirlas.  Y así se convierten en un verdadero círculo vicioso.

Hurgando muy adentro, quitándole el velo del veto y de la connotación negativa, fue que logré dar con algunas de mis adicciones.  Logré entender que existían.  Logré llamarlas por sus nombres.   Logré poco a poco reconocerlas en mí, y en este ejercicio, estoy logrando aceptarlas más allá de mí misma. Seguramente si sigo escarbando pueda encontrar otras más, pero ahora con las que tengo identificadas me basta para empezar.  Una de ellas es socialmente más aceptada que la otra, pero ambas igual de dañinas para mí. 

I am a shopaholic.  I am an alcoholic.  Podría sumar workaholic, sin embargo, siento que esta última con el tiempo la he sabido trabajar y usar, incluso, a mí favor.  Las otras dos puedo decir que las tengo identificadas, y ando en el proceso de conocerlas, procesarlas y aceptarlas para saber manejarlas, y no al revés.   

La adicción a las compras, o shopaholic en inglés (me suena más bonito), también es conocida como “oniomanía” y se trata de un comportamiento compulsivo que lleva a la persona a comprar de manera descontrolada cosas que no necesita o que son superfluas.  Esta es una de las adicciones más comunes, pero de las menos comentadas y reconocidas. 

Comprar me genera una sensación de poder, de realización, la capacidad de comprar lo que quisiera tantas veces como quisiera.  No importa nada más y no escatimo.  Me emociona hacerlo.  Muchas de las cosas que compro nunca las uso, las termino regalando, las guardo o las tiro.  Comprar funciona como un calmante para el estrés y la ansiedad.  Peor aún cuando se trata de comida, y más la comida chatarra.  Después de la compra y cuando llega el producto, viene la desilusión y la culpa.  La comida me la engullo en un afán de saciar y callar las emociones, pero el resultado al final es el mismo: un gran vacío.  Así he estado por muchos años.  Esa sensación de bienestar momentáneo y ficticio es lo que estimula y alienta mi adicción.  En una sociedad que impulsa el consumismo en todas sus formas, es fácil perderse en los detalles de la definición y pensar que no es un problema real sino más bien un apoyo a la activación económica del mundo.  Sé que no me hace bien pero tampoco podía ni quería pararlo. 

Solo hasta que tuve mis sesiones de coaching financiero con mi amigo Julián fue que pude visualizarlo directamente, sin tabú, sin reproche y sin culpa: compraba sin una necesidad real y por ende gastaba sin mesura.  Entendí que me estaba engañando a mí misma y que en realidad era una dependencia que trataba de solventar una carencia.  Lloré al entender de dónde venía esa carencia.  Me llené de miedo al aceptar que tenía un mal hábito, un problema.  Las adicciones son mal vistas en las sociedades que vivimos.  Una persona adictiva es rechazada, a pesar de que todos somos adictos a algo, la pregunta es: ¿cuál es ese algo para saber qué tan bien o mal visto está?, pero una adicción es una adicción, y son tan difíciles de aceptar como de superar.

Mi otra adicción es más común, igual se habla poco de ella.  Es un tabú a voces.  Es un mal hábito patrocinado también por la sociedad (y las empresas que lo producen y comercializan) como actividad de relacionamiento y distracción.  Mal manejado te lleva a un problema mayor.  Hablo del alcoholismo.

El alcohol es una de las sustancias psicoactivas legales más populares y de las más consumidas en el mundo.  Se dice que la ingesta en pequeñas cantidades mejora la salud y ayuda al cuerpo a prevenir enfermedades de tipo cardíacas.  Además, disminuye el nivel de ansiedad.  Pero como todo en la vida, el consumo elevado de alcohol afecta los niveles de conciencia y de coordinación física.  Y si además este consumo elevado es continuado, puede terminar en una dependencia o adicción.

Buscando en internet información sobre este mal hábito me encontré con la definición de bebedor habitual y las diferencias de este con el alcohólico.  Ambos presentan similitudes en la cantidad y en la frecuencia en la que beben, pero se diferencian en lo que ocurre con la vida de ambos cuando beben.

Para mi beber es un escape.  Lo hago para buscar ese estado de relajación que tanto me gusta.  Es una forma de evadir.  También es una gratificación inmediata pero momentánea.  Una recompensa que me merezco.  Todo esto suena a justificación, un listado de razones por las que bebo.  La verdad estoy hablando de las sensaciones que me produce beber.  No busco excusas, bebo porque me gusta la sensación que me produce cuando lo hago.  Punto.

También debo decir que puedo parar si quisiera hacerlo.  En noviembre del 2019 dejé de beber whisky porque sabía que no lo controlaba.  Podía beberme una botella charlando tranquilamente con alguien.  Y nadie que se beba esa cantidad de alcohol puede decir que controla su nivel de conciencia ni su coordinación física.  Así que saqué el whisky de mi vida, pero no el trago en sí. 

Me gusta beber vino con las comidas.  Casualmente una mimosa en un brunch.  Una margarita en la playa.  Un tequila para celebrar.  Bajo esta premisa pareciera que bebiera todos los días, la verdad es que muchos días sí, aunque no todos.  Yo decido cuándo, cuánto y cómo.  ¿Entonces dónde está el problema?

Mi problema, el mío en particular, es que en muchas ocasiones me controla.  Ninguno de estos hábitos puede ni debe manejarme.  Estoy casi segura de que el día que ya no me controle, ya no lo haré con la frecuencia que lo hago hoy, ni por las razones que lo hago.  Y eso es lo que estoy trabajando. 

¿Por qué no lo dejo de tajo?  Porque, como cuando dejé de fumar, necesito conectar mi cuerpo con mis pensamientos y mis emociones y hacer que lleguen a un acuerdo de no agresión.  Cuando eso ocurra, de manera natural, dejaré de hacerlo. 

¿Cómo ha sido el proceso?  Lo primero que hice fue reconocer que tenía un problema, en realidad dos.  Entender qué era lo que estaba pasando y porqué.  Qué detonaba estos malos hábitos.  Qué tratan de suplir.  Cómo emergen.  Qué pasa después.  Cómo me siento antes, durante y al final.  Sin juzgar y sin juzgarme.  Estoy adquiriendo el conocimiento.

¿Qué hago para manejarlo?  Lo trabajo en dos vías: desde el control del impulso, tanto de la compra como de las ganas de tomar, identificando el detonante y a partir de dónde viene la necesidad; y desde la autoestima y la valía para fortalecerme como persona.  Entendiendo que no me definen.  Este es un trabajo diario, consciente, donde me obligo a verlo cómo es y a no disfrazarlo o justificarlo.  Y, además, lo hago de la mano de un staff maravilloso y extenso, muchos de ellos amigos que me ayudan a transitar por este camino del autoconocimiento y la aceptación. 

A.B. soy un bosquejo de persona de más de 50 años que descubre a través de la escritura autorreflexiva todos los rincones de su ser y los plasma en letras.  Curiosa por naturaleza, creativa, me gusta disfrutar la vida, y la escritura forma parte de ese gozo. 

6 respuestas a «I am a … holic»

  1. A.B. disfruté mucho tu escrito crudo, sentido, honesto. Soy de la que siente que «no somos» (I am) sino que transitamos momentos de aprendizaje en experiencias en ocasiones complejas. Gracias por abrir tu ser y mostrarnos tu intimidad a través de las letras. Un día cualquiera ya eso que hoy eres no lo serás. Un abrazo cálido

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  2. AB, me ha llegado tu escrito de manera especial. Debo reconocer que mientras lo leí entre líneas lloraba, nuevamente me reconocí. Es la cuarta vez que lo leo y ya lo puedo transitar. Gracias por haberte tomado el tiempo de escribirlo y compartir tu sinceridad. Te abrazo.

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