Para una nueva ética del viaje: parte I

Pocos hombres aman durante mucho tiempo los viajes, esa ruptura perpetua de los hábitos, esa continua conmoción de todos los prejuicios.

Margarite Yoursenar, memorias de adriano.

He hablado de viajes durante mucho tiempo: en clases, en congresos, en tesis, en diarios de viaje, en artículos, he viajado mucho… también. La pandemia me sorprendió afortunadamente afincada en mi casa de Bogotá, y veía estupefacta, como todos, que los viajes y el desplazamiento de cualquier tipo se convertían en una actividad altamente insegura y peligrosa para nuestra salud. De esta manera,  las ciudades y países cerraron el acceso, las fronteras hallaban por fin sus limites claros,  y la soledad de carreteras y aeropuertos nos recordaron que aquello que aquello que solía ser natural y libre, de un momento a otro, estaba prohibido.

De inmediato,  las ciudades volvieron a florecer, porque los cielos se limpiaron y los peces de Venecia volvieron a pasearse por los canales. Se veían animales saliendo de su guaridas, en la ausencia lastimosa de la raza humana, encerrada en sus hogares. Las imágenes 3D del planeta nos mostrando la dimensión de algo que ya sabíamos, pero que nadie estaba dispuesto a aceptar: el desplazamiento humano se había vuelvo dañino para la tierra.

Yo no olvido de eso… he decidido no olvidarme de eso…

(cielos de agosto, tomada en 2017)

Para redescubrir o volver a VER lo cercano …

¿Es necesario viajar tanto …? , ¿es necesario viajar lejos…? , ¿es necesario la novedad de un lugar siempre desconocido …?

Pensando en el viaje formativo y en el viaje curativo, que fueron formas de desplazamiento que atravesaron  la literatura en el siglo anterior, aún ofrecían huellas de una integridad viajera. Los balnearios de las historias de Thomas Mann o de Juan Carlos Onetti, y los diarios de viaje de los románticos todavía conservaban una cierta mística viajera, un cierto momento aurático, un instante flâneur  que justificaba la incomodidad de un desplazamiento.

Una nueva ética del viaje podría plantearse como un acuerdo con nosotros mismos frente a un planeta en franca necesidad de atención y consideración; un acuerdo de moderación, de expansión controlada o de expansión cercana o local. Esta sofisticada inmersión en el entorno viaje debería usar más la conciencia que el impulso, más la prudencia que el valor conquistador; una ética biodegradable donde no dejemos, al marcharnos, un desastre de dolor, basura, uso y abuso de las estructuras frágiles del mundo y la naturaleza.

Un viaje que se haga en nosotros todos los días, en ese entorno cercano, en esa atmósfera conocida, en ese invento grandioso que es habitar de verdad lo que nos rodea, usar lo que lo rodea, y usar todo el potencial de nuestros sentidos activos y tranquilos.

…y tal vez después intentar viajar mas lejos, utilizar ese VER más consciente en un viaje más largo y compacto, para sentir más y cansarse menos.  La calidad del viaje, antes que su cantidad arrasadora…

Continuara…

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