Para una nueva ética del viaje: parte II

sahagún-cordoba-2021

El viaje es sinónimo de “vida afuera”. Por eso estar afuera es como viajar, poner atento y disponible el cuerpo, lo prepara para el movimiento, lo despierta de su inercia habitual. De esta manera, tal vez podamos asumir los exteriores del mundo con novedad viajera y como un anticipo del asombro y la sorpresa que esta produce.

Existen muchas formas del afuera, expresiones o experiencias del estado abierto, del contacto del cuerpo y la vida exterior: me permito imaginar unos cuantos ejemplos: esos viajes de vuelta al origen, los sonidos origen, tantos cafés y aire libre, caminar por el andén solitario, los días de andar en bicicleta, de caminar por el barrio, tal vez el privilegio de una terraza, o la calle nocturna o el patio trasero… o la mecedora en la terraza que es otra forma del afuera en los pueblos cálidos.

La pandemia reactivó la importancia vital de los exteriores, nos dio ganas de vivir “afuera”, “a las afueras”, de valorar desplazarse hasta el mercado, de habitar otros respiros para el espíritu y así no ahogarnos en la trágica vida de barbijos y tapabocas. 

El “afuera” me parece una metáfora de muchas cosas, una metáfora de la plenitud abierta, de la expansión quieta, de la benevolencia física y del amor al cuerpo.

El “afuera” como referente de lo meditativo parece promover una cosmovisión de la libertad. Por eso, “estar afuera” surge como necesitad, e implica atomizarnos con la atmósfera del viento y el aire. Una vida desplegada para que el cuerpo sea parte del todo: del afuera dentro.

sahagún-cordoba, 2021

Para reparar o restablecer el viaje del afuera basta que la sinfonía exterior vibre con el espíritu sin interferencias: entre el ser afuera y ser adentro, naturalmente, simultáneamente. De pronto no basta nada más; de pronto ese afuera, siempre dispuesto, sea también una forma privilegiada de viaje: un viaje quieto y móvil a la vez, donde se realicen las virtudes primarias de un desplazamiento: el sentimiento de ser con el entorno y la pulsión de no ser ya un cuerpo aislado.

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